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Redacción - C24H
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martes, 20 de junio de 2006 |
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Los catalanes están a punto de hacer efectivo un
estatuto que ha sido centro de atención pública durante largos meses de
disputas, acuerdos, rupturas, desencuentros y demás tejemanejes
políticos. Mientras tanto, la gente de a pie asistía atónita a una
trifulca que no se palpaba en la calle, sólo se sabía de ella a través
de los medios de comunicación.
Los hechos demuestran que los catalanes, a parte del hecho de que fuera
domingo, luciera un sol esplendoroso que llamaba a las playas y de que
el circuito de Montmeló estuviera a rebosar, se resintió de tanta
disputa por un Estatut que realmente no se pedía desde la sociedad,
aunque era innegable su necesidad. Un 74% de los votantes han dicho sí,
pero más del 50% de la población ha manifestado su pasividad ante este
referéndum con su abstención. Los políticos deberían tomar buena nota
de ello y reflexionar seriamente sobre el hecho.
Algunos políticos canarios han manifestado una “envidia sana” a la
aprobación del texto estatutario catalán, y no es para menos, ya que
han conseguido ganar más espacio en el autogobierno. Pero el desarrollo
de los hechos no son para nada motivo de envidia, un tripartito
resquebrajado, el adelantamiento de las elecciones y una sociedad
hastiada de dimes y diretes no son un ejemplo a seguir.
La negociación de una reforma del Estatuto debería llevarse con la
serenidad que debe dar una visión política de largo alcance. Lo que
ahora se decida afectará al futuro de la Comunidad durante mucho tiempo
a diversas generaciones y en ellas se debe fijar la mirada cuando los
diferentes grupos políticos se sienten a negociar.
Que el ejemplo de Cataluña nos sirva, pero nos sirva con sus aciertos y
sus fallos, no cometamos los mismos errores e intentemos ser justos con
el futuro.

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