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lunes, 24 de julio de 2006 |
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Los canarios nos estamos habituando a la imagen del cayuco cuyos
grumetes muestran en sus rostros desesperación e incertidumbre. No es
fácil para estas personas adaptarse al rumbo de las circunstancias, les
tocó nacer en un país llevado por la economía de mercado, a merced del
que en ese momento tomó la decisión de arrimarse al bando de los
ganadores.
El coraje de los que huyen a la búsqueda de un futuro esperanzador se
contrapone con el de los gobiernan para sí, teniendo sólo en mente cómo
conseguir más dinero para llenar sus arcas.
En Canarias se percibe aún con cierta lejanía esta situación, a penas
es perceptible, estas personas en cuanto pasan a disposición de las
autoridades ingresan en los centros internamiento, y allí permanecen a
la espera de que alguien pregunte por ellos, y vuelvan a su país de
origen, o se inserten en la sociedad del bienestar.
Nuestros antepasados jamás pensaron que el archipiélago iba a
convertirse en reclamo, sólo soñaron con volver de esa tierra
prometida, a la que también, una vez marcharon, para reemprender
su vida y después regresar con una buena nueva para sus descendientes.
¿Qué esperan del mañana estos viajeros a la deriva?, de ellos y en los que los reciben están depositadas sus esperanzas....

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