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Tiempo habrá para analizar la cuestión
más a fondo, pero ya se puede decir que las elecciones legislativas del pasado
viernes en Marruecos, que los propagandistas del Reino Vecino en esta metrópoli
y sus islas más ó menos adyacentes habían anunciado como las que iban a marcar
su tan cacareado como falaz proceso de transición a la democracia, se han
revelado como un absoluto fiasco. Y es que el 'Majzen' ha fracasado en toda
regla en su intento de lavar la cara del régimen y los hechos y las cifras son
tozudos hasta para con los más conspicuos turiferarios de la autocracia marroquí
en esta metrópoli y en sus Islas más o menos adyacentes.
Los resultados de los comicios no han
supuesto la transición hacia nada que no sea más de lo mismo, y mientras el
Marruecos institucional va por un lado, ha quedado bien claro que la realidad
social va por derroteros absolutamente ajenos, en absoluto divorcio entre las
elites gobernantes y la mayoría de la población.
De ello constituye la mejor muestra ese
exiguo 37 por ciento de participación que indican las cifras oficiales y del que
hay fundadas sospechas de que puede haber sido incluso menor. ¿Pero no iban a
ser éstas las elecciones de la efervescencia participativa de un país en cambio,
tal como sucedió en España el 15 de junio de 1977? Quienes en su afán
propagandístico establecían tan atrevidas comparaciones tal vez ignoraban que,
como sabemos quienes conocemos un poco la Historia de España, si hay alguna
similitud entre algún momento del pasado de este país y la actual situación de
Marruecos no es con aquellas fechas sino, en todo caso, con la crisis de la
Restauración canovista de principios del pasado siglo.
Del mismo modo, han tenido que callarse
quienes insistían en comparar miméticamente el proceso marroquí con el de
Turquía, así como a los partidos islamistas de ambos estados, olvidando que el
régimen majzeniano de la monarquía por derecho divino que encabeza el comendador
de los creyentes con sus más de diez palacios nada tiene que ver con el laicismo
modernizador impulsado hace ya casi un siglo por Ataturk.
Y es que el pronóstico incluso ha
fallado respecto a quién iba a ganar (si es que le dejaban), de suerte que los
'islamistas palaciegos' del Partido Justicia y Desarrollo (PJD) de Otmani
podrían haberse quedado a las puertas de la victoria a causa de que gran parte
de quienes deberían haber votado por ellos han preferido seguir las consignas
abstencionistas preconizadas por el movimiento Justicia y Caridad de Nadia
Yasín.
En estas circunstancias, no sería de
extrañar que, pese a la victoria, los partidos majzenianos inviten, a instancias
de Mohammed VI, más pronto o más tarde, al PJD a formar parte del
stablishment oligárquico, tratando de neutralizarlo y de repetir lo que ya
sucedió en décadas pasadas con los socialistas de la USFP y los excomunistas del
PPS. Un parche más en un régimen cortesano del que si algo han demostrado estas
elecciones es que cada vez le cuesta más mantenerse, y en el que el gran
problema siguen siendo los ilimitados poderes del Rey, la corrupción
institucionalizada, el elevadísimo analfabetismo y, sobre todo, el tremendamente
desigual reparto de la riqueza.
Y es que si en Marruecos empezara a
afrontarse una verdadera democratización, asuntos como las tensiones por la
inmigración, el desafío de Al Qaeda y del integrismo islámico y el desarrollo y
prosperidad material del país encontrarían un marco de soluciones mucho más
efectivo. Y ni que decir tiene que el respeto de las resoluciones de la ONU
sobre la antigua colonia española del Sáhara Occidental, que el 'Majzen'
incumple desde hace más de treinta años, no tendría por qué constituir ningún
problema, porque en una verdadera democracia esas cosas vienen de suyo. Y la
autodeterminación de los habitantes del territorio que en su momento no fueron
consultados no sólo no supondría ningún riesgo para la estabilidad y
democratización del Magreb, sino su condición indispensable y un paso más en ese
camino.
Muchas veces nos olvidamos de que en el
penoso 'embarque' en que metió Hassan II a su pueblo en 1975, al invadir
un territorio sin pedir permiso y sin respetar ninguna norma ni dictamen
internacional, aprovechándose de las contradicciones de la Guerra Fría, tuvo
bastante que ver su deseo de 'huir hacia adelante' y distraer la atención de su
pueblo ante las demandas de democratización interna, como si ésa fuera la única
manera de mantenerse en el Trono y de que Marruecos siguiera existiendo. El
problema es que el 'Majzen' y las elites marroquíes han interiorizado de tal
modo dicho mecanismo que han terminado siendo sus prisioneros. Pero Marruecos
sigue sin avanzar y absolutamente paralizado, aunque el conflicto haya costado
miles de muertos en ambos lados del muro de arena con el que se ha querido tapar
la realidad de aquella infamia.
Y por eso mismo es por lo que resulta
aún más lamentable el entreguismo del Gobierno de Zapatero hacia
Marruecos en todos los órdenes, empezando por la pantomima autonómica en la
antigua provincia española, en donde el propio El Fassi, líder del
Istqlal y ganador de las elecciones, confesó estos días que no está prevista más
que una descentralización administrativa como la que 'podría' llevarse a cabo en
todo el Reino. No sólo es que estemos volviendo a traicionar a quienes nunca
debimos abandonar bajo las bombas de napalm marroquíes. O que por ese motivo nos
hayamos ganado la enemistad de Argelia y vayamos a pagarlo en la factura de la
luz. Es que desde que llegaron al poder Moratinos y sus huestes han hecho
todo lo posible para alentar al 'Majzen' a que siga perseverando en sus errores
y hurtando la verdad a su pueblo.

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