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Tenerife/ El equipo de transplantes del Hospital Universitario
de Canarias (HUC) llevó a cabo el pasado día 10 de octubre el primer
transplante renal de donante vivo que se ha realizado en Canarias. El
receptor del órgano, un hombre de 52 años de edad, recibió uno de los
riñones de su mujer, de 51 años, y ambos se encuentran ya en su
domicilio. El centro estima realizar entre 20 y 30 transplantes de este
tipo al año.
Esta nueva técnica permite, frente a la donación procedente de una
persona fallecida, una mayor supervivencia del injerto renal y del
paciente. Otras de las ventajas de este tratamiento es que el paciente
puede recibir el transplante renal en la etapa anterior a la diálisis,
con lo que se obtienen mejores resultados, y permite recudir la lista
de espera. Además, el receptor no tiene que acudir más a diálisis con
lo que gana en calidad de vida.
El donante, que debe ser mayor de edad y puede estar o no emparentado
genéticamente con el receptor, se somete a una operación, mediante
laparoscopia, que permite darle de alta en una semana y su actividad
renal se recupera aproximadamente en un mes. La pérdida de un riñón
genera que el donante deba someterse a un control periódico, similar al
de otras enfermedades como la hipertensión.
Así lo anunciaron hoy miembros del equipo de transplantes del HUC que
llevaron a cabo esta nueva técnica, que conlleva el trabajo simultáneo
de dos quirófanos para que el riñón esté el mínimo tiempo posible sin
recibir sangre. Así, mientras que uno de los equipos sustrae,
preferiblemente por laparoscopia, el órgano al donante, el otro
interviene al receptor para tenerlo preparado para recibir el riñón,
según detalló el coordinador quirúrgico, José Rodríguez.
Además, antes de realizar el transplante, el riñón se somete a un
control en la Cirugía de Banco, para asegurar que está en perfectas
condiciones para ser injertado.
En el primer transplante de este tipo realizado en las islas, la
extracción del riñón de la donante se realizó por laparoscopia y tuvo
una duración de unas tres horas, mientras que la intervención en el
receptor duró dos horas. El receptor recibió el alta a las dos semanas
y media de la intervención y la donante en menos de una semana.
SELECCIÓN EXQUISITA DEL DONANTE
El coordinador médico del programa de transplantes del HUC, Domingo
Hernández, señaló que esta opción terapéutica es una práctica
sistemática en otros centros del estado y, aunque la media de
intervenciones de transplante de donante vivo sea del 5 por ciento de
las que se realizan, Hernández opinó que esta técnica debería suponer
el 20 por ciento.
Para que esta nueva técnica tenga éxito es necesaria una “selección
exquisita” del donante, al que se somete a pruebas médicas y
quirúrgicas, pero también psiquiátricas dado que la intervención supone
la pérdida de un riñón, relató Hernández, quien opinó que la franja de
edad para ser un buen candidato a la donación se sitúa entre los 30 y
los 65 años.
No obstante, para se donante es necesario ser mayor de edad, estar en
buena forma física, carecer de antecedentes de enfermedades y tener una
buena función renal, así no sufrir enfermedades que impidan el
transplante y tener un grupo sanguíneo compatible con el receptor.
El candidato no tiene necesariamente que estar emparentado
genéticamente con el receptor, e incluso se ha observado que la
supervivencia del injerto es superior en los casos en los que no existe
relación genética, indicó Domingo Hernández.
HITO ASISTENCIAL
El director médico del HUC, Eduardo Bonis, calificó de “hito
asistencial” el inicio del programa de transplante renal de donante
vivo, y recordó que el centro hospitalario lleva 26 años realizando
transplantes renales, tiempo en el que se han realizado 2.000 injertos
de órganos procedentes de personas fallecidas.
Pese a que Canarias es una comunidad con un elevado número de donantes,
lo que permite ser una de las regiones con un mayor número de
transplantes renales por millón de habitantes, todavía son
insuficientes los riñones disponibles para los enfermos.
Bonis destacó que la aportación de donantes vivos permitirá incrementar
las tasas de transplante renal, llamó a la solidaridad y aseguró que no
hay mayor expresión de solidaridad que la donación en vida.
Este tratamiento permite que el 80 por ciento de los injertos
procedentes de donante vivo esté funcionando a los diez años del
transplante, frente al 65 por ciento de los procedentes de un cadáver.
Además, con esta técnica el 85 por ciento de los pacientes
transplantados de donante vivo sobrevive frente al 70 por ciento del
paciente de donante cadáver.

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