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Ya es bien sabido que el dinero lo compra todo, o casi
todo... porque al igual que en los famosos cómics de Uderzo y Goscini, donde una
aldea de irreductibles galos resistía siempre al invasor; así, en Tacoronte, un
nutrido y amplísimo grupo de personas resistía como podían los brutales ataques
del Sr. D. José Ana Pérez Labajos y su deshonroso Parque Marítimo Guayonge S.A.
Este señor, cual catapultas y legiones romanas, se rascaba los bolsillos y ponía
toda su ponzoñosa carne en el asador mediático para intentar acallar la
verdadera realidad de un proyecto que, de bonito nada, de beneficioso para la
gran mayoría de la población nada, de respeto medioambiental cero patatero,
pero que podría colar si se adereza correctamente con unas palabras bonitas,
unos ataques a una plataforma ciudadana, unas cuantas mentiras escabrosas sobre
temas que la gente realmente desconoce y en los que es fácilmente manipulable y
unas cuantiosas sumas de dinero que hacen vender el oro y el moro para intentar
acallar las realidades que desde otros lugares se quieren poner de manifiesto.
Resulta realmente triste que pseudo-personas sean
capaces de perder toda su moralidad, desnudarse, y vender su alma al diablo a
cambio de la compañía en vida del infausto Don Pecunio, ese ser de divisas y
bolsas de mercado que aunque necesario, es despreciable en grandes cantidades,
pues transforma vil y cruelmente a las personas, volviéndolas corruptas y
sucias de corazón, capaces de cualquier cosa con tal de salirse con las suyas.
Resulta realmente triste ver cómo esto ocurre en
Tacoronte, y cómo las administraciones, cada vez más, se muestran en plena
connivencia. Una lástima que se haya llegado a estos extremos.
Que se engañe a la población con refugios pesqueros en
los que no se ha contado con pescadores, que se propongan cultivos marinos en
lugares donde el clima no lo permite (científicamente probado), que se ignoren
leyes, que se quieran modificar otras, que se destroce nuestro patrimonio, que
se construya en Paisajes Protegidos, que se nos arrebate nuestra costa, nuestro
paisaje, nuestra tranquilidad, nuestro disfrute, que se nos engañe y se nos
estafe... Es de risa pues, si no de juzgado de guardia, que a un amplio grupo
ciudadano se le califique de antisistema visto lo visto. Mejor callarnos
adjetivos para con estas personas que, cuanto menos, serían denigrantes.
Deprimente ver cómo nos dan una chocolatina que... en
realidad... está más que derretida... sólo es envoltorio...
¡Cuándo recuperaremos la cordura, amaremos al infausto
D. Pecunio en su justa medida y patearemos los traseros de infames
sinvergüenzas...!
ADAL GONZÁLEZ GONZÁLEZ

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