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Señor Solbes, conste que, un servidor, de economía, sabe muy poco. Lo suficiente. Créame que es así. Y créame que si le digo que me gustaría creerle, también digo la verdad. Los pobres que pagamos hipotecas, esos pobres a los que usted se refiere, estamos hartos de escuchar, leer y ver que casi todos los medios informativos tienen como principal noticia la mala marcha de la economía internacional y nacional.
Sin embargo, usted sale sonriendo, o medio sonriendo, o, como dice un
amigo, copiando los gestos de Zapatero, diciendo con claridad que no
hay que exagerar. Uf, qué enorme alivio. Pero, señor Solbes, los
analistas, los que saben de economía, esos hombres y mujeres que
escriben y hablan porque saben de la materia, proclaman con altivez que
la cosa económica va mal, que irá a peor, y que ustedes, o sea, los socialistas en el poder de la octava economía
del mundo, no hacen nada para remediar un poco, por lo menos un poco,
las consecuencias de la recesión económica que ya padece el yanqui.
Verá, a un servidor de usted le queda poco después de hacer frente a la
hipoteca. Mi mujer me dice que todo en el súper ha subido; que el euro
–ella lo maneja mejor que yo-, es una mierda que no vale casi nada y
que, ni de coña, va a soportar que usted vaya diciendo por ahí –yo
opino igual- que cuando alguna tarde que otra nos tomamos un cortado de
leche y leche, aquí, por Canarias, dejamos a la ligera un euro de
propina. No sé, señor Solbes, pero de un tiempo a esta parte me falla
usted
bastante, pareciéndose cada vez más al inquilino de la Moncloa.
Yo comprendo que usted tiene el deber de contentar al secretario
general de Ferraz y al presidente de una parte de España, pero lo que
no puede negar es que millones de españoles estemos hoy mucho más
preocupados que hace un año, dos años, tres años, e infinitamente más
cariacontecidos que cuando ocupaba el poder esa derecha derechona que,
por lo menos, saneó la economía y nos hizo más ricos (jajaja), en
serio, pero sí menos pobres. Y ahora usted mete la pata diciendo que no
hay que exagerar.
Yo me fío, qué quiere que le diga, de esas personas que escriben y
hablan diciendo que la cosa económica va a ir a peor, que ustedes los
socialistas no han hecho los deberes. Y creo, por encima de todo a mi
mujer, porque ella es mi mejor economista, ella es la que más sabe y
nunca cae en las trampas que desde el poder se vierten para embobar a
la masa.
Mi mujer maneja el euro mejor que usted, y eso que nunca ganará lo que
usted, señor ministro, gana permaneciendo en la cosa pública. Creo que
ni siquiera lo soñamos. La realidad nos mantiene despiertos.

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