Un
posible balance de estos cuatro años de legislatura de José Luis Rodríguez
Zapatero es que el PP ha estado de campaña electoral desde el mismo 11 de marzo
de 2004, enmierdando con sus mentiras el honor de las víctimas de aquel
atentado al conjunto de la sociedad, mientras que el supuesto talante de
Zapatero ha servido para disimular la cobardía política frente a los ataques
contra la ciudadanía de los sectores más duros de la ultraderecha española
protagonizados por la plana mayor del PP y la Conferencia Episcopal.
Mientras se han reconocido determinados derechos civiles se ha experimentado un
crecimiento, probablemente sin parangón, de la economía que ha favorecido sobre
todo a los grandes capitales del país. No es de recibo que un tipo como Emilio
Botín, que controla el Banco de Santander y buena parte de las empresas
españolas, elogie hasta con cierta vehemencia los logros económicos de
Zapatero.
Lo
último ha sido esta semana con el tema de los debates televisados y que el PP
estuvo a punto de abortar. Con un estilo yanqui de la doble marca Coca Cola
Pepsi Cola tenemos que creernos que estos debates son puramente democráticos
porque no hay alternativa más allá del PSOE o del PP. El hecho de que Telecinco
manifestara que no va a emitir ninguno después de que se acordara que la señal
se va a producir de manera neutra por la Academia de Televisión dejan ver el burdo
espectáculo que va a significar estos
reality
shows. Si en dos debates de noventa minutos se pudieran clarificar las
cosas de manera meridiana la política se debería hacer a nivel de
share de audiencia y no en el Parlamento
que además de salir más caro llega a menos gente. Y es que la democracia, la
real, participativa y de calidad en la que los ciudadanos deciden de verdad
necesita tiempo, discusión, debate y un programa real y no oculto como el que
los dos grandes partidos políticos esconden. Si el PP gana las elecciones
volverán de nuevo a gobernar para los suyos como ya lo hicieron con Aznar
durante ocho años. Dicen que los noventa minutos de los debates son sin cortes
y las cadenas no podrán poner publicidad. Sin embargo si dejaran hacer pausas
publicitarias no solo resultaría que la publicidad ocuparía mucho más tiempo
que las supuestas propuestas de Rajoy y Zapatero sino que esclarecerían mucho el
hecho de quiénes nos gobiernan en realidad: BBVA, BSCH, Repsol, Telefónica y
demás empresas transnacionales.
En
Canarias siempre nos distinguimos en estas cosas del resto del estado porque
mientras los dos grandes partidos nacionales hacen sus ridículos remedos de las
campañas ATI, antes CC, despliega sus fuerzas caciquiles en las siete islas y
en lo que llaman la octava: Venezuela. Como este año vuelvan a votar los
muertos después de la visita de Ana Oramas a este país no habría que pensar en
ella sólo como futura presidenta de Canarias sino que se debería hablar con el
Vaticano para que, directamente y en vida, sea canonizada como santa patrona
del archipiélago, con el permiso de la Virgen de Candelaria, y fiel amparo de la tercera
edad. Quizás con una verbena suya organizada en el barrio donde me crié, y si
mi madre que en paz descanse le diese su voto, pudiera ser que la haga
resucitar hasta el 9 de marzo por lo menos. Ya sabemos lo de
una papeleta tuya bastará para sanarle.
La podredumbre que dentro de ATI se ha descubierto con el levantamiento del
secreto del sumario de Las Teresitas, hasta un leal servidor como el supuesto
periodista Andrés Chávez ha llamado estos días inmoral a Miguel Zerolo, no ha
impedido la insidiosa y vergonzosa campaña de CC del
habla canario que bien recuerda a la campaña de los supermercados
del dinosaurio que los ha hecho parecerse de lleno a esta formación con la
comida basura.
El PSOE
puede volver a ganar las elecciones, las encuestas van por ese camino aunque
los márgenes se estrechen. Puede que haya mucha gente, como pasó en realidad el
14 de marzo, que les vote para que no gane el PP. Acaso a este partido le hace
falta un buen batacazo para que desaparezca o limpie de sus filas la
ultraderecha a la que representan. Quién sabe si la misma ley de partidos que
se aplicó en su día a Batasuna, que ilegalizó a cientos de miles de personas
dejadas sin referente político, y que se quiere aplicar ahora a ANV o al
Partido Comunista de las Tierras Vasca no pueda hacer del PP un partido ilegal.
Más terrorismo que el que por culpa de Aznar, que algún día debería ser juzgado
por un Tribunal Penal Internacional junto a Bush y Blair, no puede existir en
el mundo. Lo que sí es cierto, mientras esto pueda suceder, es que a muchos nos
alegraría ver como CC se descalabra totalmente en estas elecciones continuando
con el batacazo del pasado 27 de mayo a causa de casi dos décadas de mal
gobierno y corrupción en esta formación oportunista. Lo que están consiguiendo,
sin embargo, con esta campaña es que la gente se aburra tanto de la política y
no vaya a votar el día 9 con lo que pudiera suceder que los partidos más
rancios y conservadores saquen tajada del aburrimiento general de la
ciudadanía. Esto es lo que siempre pasa.
Santi
Peña.
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