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No
todo está perdido. Pero puede estarlo. La izquierda monopoliza. Asfixia. Tenemos
una democracia demasiado imperfecta. Todos las democracias lo son, imperfectas,
pero la nuestra, por culpa de una progresía abracadabrante, se manifiesta
macilenta, tumefacta y con amagos de pérdida de memoria.
Restan
quince días para que el pueblo, todavía libre, ejerza su derecho al voto. El
pueblo, supongo que algo más de 38 millones de españoles, podrá elegir entre
Zapatero o Rajoy. Las encuestas confirman que todavía hay muchos indecisos.
Desgraciadamente,
en este país los indecisos son proclives a quedarse en casa o, en el peor de los
casos, a dejarse convencer por la mentira mejor envuelta. Y en eso, o sea,
cuando es menester fabricar mentiras, el socialismo español es único,
invencible.
En
el debate económico que tuvo lugar en Antena 3 (perfectamente moderado por
Matías Prats), el ministro de la cosa, con un ojo cerrado, desgranó todas las
virtudes que encierra el manual del buen socialista. Solbes no es un socialista
al estilo Zapatero, pero al aceptar ir de número dos por Madrid, ha tenido que
aprender a moverse como lo hacen los adulones y los sombrajos que tiene el
inquilino de la Moncloa a su servicio.
Ganó
Solbes. No lo dudo. Este país es así de sencillo y así de amargamente simplista.
Si
sale usted a la calle y le pregunta a la ama de casa o al caballero que va de un
lado a otro, siempre con prisa, le responderán que la economía es desastrosa,
que todo sube, que el euro es una maldita moneda que nos hace la vida imposible
y que el sueldo no llega, nunca llega.
Pero
al contemplar el debate le entrar las dudas. Miran al representante de la temida
derecha con ese ojo cerrado de Solbes. Entonces ven al rico, nada más que al
rico. Y les entra el miedo, olvidando que fue un multimillonario, que responde
al nombre de Rodrigo Rato, el que saneó las finanzas de España y salvó las
pensiones.
Solbes
ganó, y volvería a ganar hoy, y mañana. Los españoles sufrimos con encanto.
Somos marionetas en manos de un poder que, (no importa el color político) se
apodera de las cabezas de los que en verdad lo pasan jodidamente
mal.
Así
nos va.

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