Que la
justicia es lenta, que en muchos casos está anquilosada porque funciona con
sistemas más propios del siglo XIX que del XXI y que todo esto hace que se
lleguen a dar fallos graves que dejan en cuestión muchas veces la eficacia del
sistema judicial ya lo sabíamos.
El caso
es que esta semana hemos visto que uno de estos errores le ha costado la vida a
la pequeña Mari Luz Cortés en manos de un pederasta como Santiago del Valle que
debería haber estado en la cárcel cumpliendo otras condenas firmes que tenía,
una por el abuso a su propia hija, pero que nunca se ejecutaron debido a una
cadena terrible de fallos judiciales que hicieron que el condenado siguiera en
libertad. Y es que la primera cosa que nos viene a la mente, debido a la rabia
y la impotencia que este tema causa, es que las condenas deben ser aumentadas
para este tipo de casos cuando lo realmente sereno y necesario es que hay que
exigir a los poderes públicos que este tipo de fallos no se den más. Sería de
un precedente peligroso legislar a la saga de los acontecimientos y ya hemos
visto estos días que mucho oportunista e irresponsable político se ha puesto a
pedir la cadena perpetua para este tipo de delitos.
Más que
la cadena perpetua o el endurecimiento de penas lo que se hace necesario en el
sistema judicial es que este funcione de verdad. Y es que, recordemos, el
sistema penal español está basado en la necesaria búsqueda de la reinserción
del delincuente más que en la carga punitiva penal. De nada vale que existan penas
de siglos de prisión para delincuentes malnacidos como Santiago del Valle si éstas
no se ejecutan y aún estando en busca y captura desde hace dos años nadie lo
sabe cuando ha ido cada 15 días a fichar a un juzgado por otros temas
pendientes. Que los sistemas informáticos no estén unificados y no exista una
base de datos común para detectar en distintos puntos del territorio a este
tipo de delincuentes cuando, hoy en día, con poner el nombre de alguien en un
buscador cualquiera obtenemos muchos datos de su vida deja mucho qué pensar en
qué es lo que pasa en torno a la justicia.
Como en
sanidad y en educación la falta de inversión en el sistema de justicia es un
tema secular en las distintas administraciones españolas. Y es que sin irnos a
casos tan extremadamente espectaculares como el de Santiago del Valle el hecho
de que la justicia funcione mal hace que los ciudadanos corrientes tengamos que
sufrir las consecuencias. Al igual que en muchas cosas puede que la justicia
necesite muchas mejoras como nuevos sistemas de organización, repensar las
cosas, más personal y mejor material pero esto se traduce siempre en un aumento
de las dotaciones presupuestarias en justicia. Los poderosos, y no las personas
de origen más humilde que son las que llenan las cárceles, saben bien que el
anquilosamiento por saturación del sistema judicial, con el tiempo que corre
siempre a su favor, les acabarán beneficiando. Flagrantes son los casos de
corrupción urbanística, en la administración o los grandes delitos de carácter
económico que, muchas veces, nos parecen que sus penas son, cuando menos,
demasiado cortas para la gravedad de los delitos que se han cometido. Da la
impresión que a los poderosos, a los políticos corruptos, les salen gratis sus
delitos máxime cuando este tipo de delincuencia se la ha visto desde la
sociedad como una delincuencia del triunfador que tienen como paradigma a la
cultura del pelotazo y a personajes como Mario conde.
La
justicia para ser
justa necesita,
como las decisiones de calidad democrática, tomarse su tiempo pero debe ser
ágil para que sea eficaz. En torno a estas dos premisas habría que debatir
sobre qué sistema judicial queremos. Una cosa está clara y es que la justicia
puede tener sus defectos, que los tiene y los seguirá teniendo, pero hay que
partir de ella, de un sistema legal, para que los valores de la sociedad puedan
seguir teniendo sentido. Nos guste o no en el momento en el que nos encontramos
la justica y las leyes son la manera de dignificar a los seres humanos y les
debemos un mínimo de respeto.
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