Hay que ver que el otro día advertía un amigo,
que el muy jodido se ha pasado a la competencia (es broma,
porque nosotros no somos competencia de nadie y siempre nos es grato que surjan
nuevos medios en internet), de que lo de la romería de Tegueste y las guaguas
eran como 'el aceite y el agua', pese al criminal caos de tráfico que se origina
todos los años. Y dicho y hecho, volvió a pasar exactamente lo mismo.
Y yo tengo claro desde hace algún tiempo, aunque
hasta a mí me cuesta trabajo creérmelo, que a éstos no sólo la guagua les
importa un carajo, sobre todo después de que han descubierto la rentabilidad
electoral de la catenaria (o la supuesta rentabilidad electoral porque al
Melchior
no es que le vaya de maravilla
tampoco). Otra cosa es que nos siga pareciendo una indecencia espectáculos
como los vividos en la estación de guaguas de La Laguna donde centenares de
personas hacían cola dentro de las propias plataformas, destinadas a la
circulación de las guaguas, para intentar coger un chisme de éstos que los
llevara a Tegueste.
Muchos 'romeros' se daban la vuelta nada más ver el
panorama, o bien a su casa a buscar el coche o a coger un taxi a la parada.
Otros se largaban al comprobar que no aparecían guaguas por ningún sitio después
de esperar largos ratos al solajero. Evidentemente, pese a lo sencillo que es
organizar las cosas de otra manera en situaciones especiales como éstas, ninguna
medida para facilitar el acceso rápido a la guagua ni nada por el estilo, un
verdadero calvario antes de salir que pocos soportaban realmente.
Otra cosa sería que una fiesta de éstas se produzca
en el trayecto del tranvía, hasta para los botellones nocturnos ponen un
disparatado servicio toda la noche los fines de semana que no se le ha ocurrido
a nadie en ninguna parte del mundo habiendo guaguas que hacen el mismo trabajo
por muchísimo menos coste. Pero el transporte nocturno entre Santa Cruz y La
Laguna, por seguir con el ejemplo, llegó con el tranvía porque ni en 20 años más
a nadie se le hubiera ocurrido poner una guagua cada 15 o 20 minutos para hacer
exactamente lo mismo que hace el tranvía pero de manera mucho más rápida,
flexible y económica en horario nocturno.
Pero así de fantásticos somos y nadie nos va a
venir a cambiar ahora. Si en situaciones como la de este domingo no se ponen
todos los medios para que la gente, que mayoritariamente lo demanda, utilice el
transporte público pues me dirán ustedes cuándo coño vamos a animar al personal
a dejar el coche privado. Por cierto, que al Melchior se le vio llegar con su
traje de mago y a los mandos de su Passat gris metalizado pese a que la guagua
le pasa a pocos metros de su casa. Ya me dirán ustedes lo que podemos esperar de
un individuo que aseguraba que cogería el tranvía para ir a trabajar y lo que ha
hecho es construirse unos aparcamientos delante del Cabildo, levantando la Plaza
de España y dejándola en pendiente, pese a que el tranvía les para justo en la
puerta trasera. ¡Qué cosa!