|
Bruselas / Ebenizer Folefack Sontsa, un camerunés de 32 años
que iba a ser expulsado el próximo lunes de Bélgica, se suicidó ayer en
el centro cerrado para inmigrantes de Merksplas (Amberes) informa la
agencia belga.
Desde el pasado domingo, el camerunés fue trasladado a una celda de
aislamiento, según su abogado Alexis Deswaef, y ayer aprovechó un
descanso tras su almuerzo para quitarse la vida con unas sábanas en los
servicios de este centro de retención belga.
Un día antes, el sábado 26, Ebenizer Folefack, había sido el objeto de
un primer intento de expulsión durante el cual supuestamente habría
sufrido un trato violento por parte de un policía que colocó una de sus
rodillas en el cuello del inmigrante, dejándole marcas tanto en dicha
zona como en las piernas, asegura su abogado.
Los gritos del camerunés provocaron que varios pasajeros del avión de
la compañía Brussels Airlines, en el que se realizaba esta
repatriación, se dirigieran a las azafatas para protestar puesto que no
podían volar en semejantes condiciones.
Tras lo cual, la policía trasladó a tres de los pasajeros que se
quejaron, entre ellos Serge Ngajui Fosso, a una celda del aeropuerto.
Fosso no fue puesto en libertad hasta quince horas después y
actualmente, y durante un periodo de seis meses, tiene prohibido
desplazarse en cualquier vuelo de la compañía belga, indica la agencia.
Según explica Deswaef, en Bélgica, el “primer intento de expulsión se
considera como una invitación a marcharse y no debe existir un uso de
la fuerza”. La próxima fecha para la repatriación estaba fijada para
este lunes.
Ebenizer Folefack “no ha soportado la perspectiva de un segundo intento
de expulsión por lo que ha puesto fin a su vida”, lamentó su abogado
quien responsabiliza directamente al Gobierno belga de la muerte de su
cliente al no aceptar la aplicación de una moratoria en las
devoluciones a la espera de que entren en vigor los nuevos criterios de
regularización fijados por un acuerdo gubernamental el pasado 18 de
marzo.
Unos criterios, que incluyen elementos como un contrato de trabajo o el
anclaje en el país, en base a los cuales el jovén camerunés “tenía
perspectivas reales de regularización”, consideró Deswaef según Belga.
Folefack llegó en 2005 a Bélgica donde lanzó una demanda de asilo que
se le había denegado.

Noticias Relacionadas:
|