Carta de Soledad Perera a Piedad
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Soledad Perera
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jueves, 08 de mayo de 2008 |
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Después de aquel verano y más que el verano, el largo
otoño, el inacabable invierno...aún me queda la palabra.
La palabra para describir el alba, para escuchar el
viento y leer en sus labios, para revivir el tiempo a través de los cristales
ahumados de mi memoria.
Después de amar y haber amado, las copas de los cipreses
continúan alzando su mirada al infinito mientras los mirlos revuelven una
tierra fértil recordándonos que el péndulo de la vida sigue latiendo y aún
anida en nosotros.
Para susurrarnos al oído que después del frío y
letárgico invierno llega el deshielo y detrás de la tormenta permanece el arco
iris.
Y, dignamente, con la garganta rota y agrietada y el
alma en jirones alcanzo una a una de las palabras que sucumbieron en la niebla
de la nada.
Aquellas que nunca fueron escuchadas y que todavía
siguen vivas.
Aquellas de color azul y olor a infancia.
Las que nunca duermen y se mantienen erguidas por su
nobleza.
Las que nadie silencia con cadenas ni eslabones.
Las que rezan el Ángelus cada mañana y dan gracias a
Dios con las manos desnudas y los pies descalzos.
Las que saben llorar ante la impotencia y se inclinan
ante las lágrimas de un inocente.
Las que huyen de la indiferencia y no son inertes ante
las injusticias.
Después de ese implacable invierno... sé que duele más el
silencio que el olvido.
Que las algas despiertan, que el pinar se enaltece, que
la arena oscura se cubre de luz, que la aurora enciende al ocaso dispersando
sus horas en un cortejo cristalino.
Y a flor de piel avanzo a tu encuentro luz de niña para
algún día entregarte el cofre de tus sueños de jazmín y madreselvas.
El que guardabas con esmero, saturado de colores, de
astros y ensueños.
Aquél que dejaste en el camino en una estación sin
nombre donde sólo unas sandalias perdidas hablaban de ti.
Y anclados los corales encallecidos a mi alma, lejos de
todo abismo y muy cerca del eco silencioso de tu recuerdo,
Sentirás algún día nuestro abrazo en el rostro
nostálgico de una ola que espera despierta tus ojos de niña.

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