Piedad, en el recuerdo

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José Luís Calvo Casal   
viernes, 09 de mayo de 2008
El 10 de Mayo de 2007, en un vehículo con los cristales tintados, personal de la Dirección General de Protección del Menor del Gobierno Canario, se llevaban a Piedad desde La Orotava a un centro de menores en Santa Cruz de Tenerife, dejando atrás una estela de incomprensión y amargura en una ciudadanía impactada por acontecimientos que herían su sensibilidad.   


Quienes entonces y ahora creíamos que los derechos del niño no eran eso, mostramos nuestra oposición y rechazamos prácticas perversas contrarias al rico ordenamiento jurídico que emana de la Convención de los Derechos del Niño y de un actualizado Código Civil, plenamente garantista en cuanto a la prevalencia del interés superior de los menores con relación a cualquier otro interés y a que los niños y niñas son personas sujetos de derecho, jurídicamente autónomos, cuyas circunstancias y opinión se deben de tener en cuenta. 

Nadie pudo parar, entonces,  aquella máquina de hacer daño que supuso arrancarla del núcleo familiar en el que estaba plenamente integrada, atropellando derechos y arrasando principios, palabras mayores que decimos con toda la intención, pues Piedad no ha gozado del derecho a ser escuchada, ni sus circunstancias personales fueron tenidas en cuenta, derivando aquello en un maltrato institucional en toda regla, al haber sido encerrada en contra de su voluntad, aislada e incomunicada, imponiéndole  el cruel abandono de su mundo afectivo y una imposible vuelta atrás.

Puede ahora decir la institución judicial y la administrativa que, después de tanta historia, la niña se encuentra bien, lo que, al margen de lo relativo de ese "encontrarse bien" que dadas las circunstancias condiciona la expresión, eso es muy discutible, pues la extensa literatura científica y la opinión de los expertos, nos hablan de las secuelas y marcas psicológicas de por vida que suelen arrastrar quienes, como a esta niña, le han sido amputados sus afectos.  

Así, en un auto de 15 de Febrero de 2008 (Juzgado nº 5 de Familia, Las Palmas de G.C.) se dice que la niña está con su madre biológica y que está bien, según información trasmitida desde la Dirección General de Protección de Menores por vía telefónica, después de haber omitido la propia Dirección General información documentada que el Juzgado reiteradamente le había reclamado.

Nos explicamos: Con fecha 23 de Febrero de 2008, el Juzgado de Familia reiteró a "Menores" una petición reclamando los informes de Piedad entre el 22 de Junio y el 30 de Octubre de 2007, con el fin de proceder a la resolución de ejecución de sentencia. Pero el Gobierno Canario, hizo caso omiso, y el Juzgado se quedó sin la prueba documental exigida, al menos por dos veces, conformándose, extrañamente, con una simple (e indocumentada) comunicación telefónica sobre el estado de la menor.

¿Por qué "Menores"  ha ocultado los informes nada menos que al propio Juzgado? ¿Qué había de malo para darlos a conocer a las partes? ¿Por qué siguen ocultos?  ¿Por qué el Juzgado aceptó esa falta de transparencia procesal?

Son preguntas plenas de significado ante la falta total de transparencia, algo propio de un sistema que actúa con frecuente opacidad, y que, en este caso, negó los informes al Juzgado. En consecuencia ¿Por qué les vamos a creer, si, además, por nuestra parte y en su día tuvimos conocimiento de que, al menos, durante tres semanas, entre Junio y Julio de 2007, las visitas llegaron a suspenderse al perjudicar a la niña? ¿Y por qué "Menores" dice que Piedad está con la madre desde mediados de Junio 2007, cuando de fuentes acreditadas de la propia base institucional, hemos sabido que a 30 de Julio seguía en el centro de acogida de Santa Cruz de Tenerife y que, a esa fecha, las visitas de la madre continuaban suspendidas?

¿En qué quedamos? ¿Quién dijo la verdad? ¿Han mentido en "Menores"? porque a la vista de lo expuesto, su versión, transmitida de palabra y por teléfono, no nos merece ninguna credibilidad. Y si no ¿Por qué se han negado a entregar los informes requeridos por el Juzgado? ¿Por pura negligencia?  

Volviendo a Piedad, la Jueza primero y los Magistrados después, no quisieron atender a los técnicos y profesionales que decían que la niña formaba parte de un núcleo sólido de afectos en una familia altamente estructurada, y decidieron tratarla como si fuera un elemento separado en el grupo, fácilmente trasplantable a otra realidad. Así consta que lo dijo en una providencia la propia Doña Elena del Corral, Jueza de Familia: "Soledad no tiene una hija, sólo es una menor" exactamente igual que si dijera (refiriéndose a Piedad) "Soledad no es tu madre, sólo es una mujer".   

Piedad era feliz en un mundo y en una familia, que, de un plumazo, dejó de existir, trabajando los técnicos  para que asumiera que su vida en La Orotava había sido como un cuento que llegó a su fin, presentándole una nueva historia a la que se habría de plegar por supervivencia, huérfana como estaba de respuestas visibles a los continuos "por qué" sobre su aislamiento, sobre el cruel abandono de su mami (hacerle entender que el abandono era irreversible era parte del tratamiento) e indefensa ante los "ya no te quieren" o "no preguntan por ti"... 

Un año se cierra de Piedad, quedando escrita una página negra más en la historia de los derechos del niño, pero la lucha sigue, a fin de erradicar prácticas judiciales obsoletas y perversas que todavía prevalecen en los criterios de algunos jueces y magistrados, necesitados de un profundo reciclaje, y que van por detrás de una opinión pública y unos medios de comunicación, mucho más a la altura, mucho más dotados de sensibilidad, y, por ello, justamente alarmados.
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