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En los próximos meses, durante el verano, se espera que comiencen a
desplazarse hacia las fronteras para dar el salto a España por tierra,
como el domingo, o a través del mar en patera y hasta la otra orilla,
según advierten miembros de asociaciones de derechos humanos en el país
alauita.
De los que lo intentaron este domingo, 78 fueron detenidos por los
militares marroquíes, las fuerzas auxiliares, que pusieron en marcha
redadas para dar con ellos. En total, apresaron a 110 personas sin
papeles, 32 de ellas no habían participado en los conatos para penetrar
a la carrera por el puesto de Beni Enzar, donde los agentes españoles
aseguran no haber visto mucho refuerzo en los últimos días, tal y como
había dicho el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba.
“Los policías que hacemos el turno de noche hemos pasado de seis a
diez, ya está”. Los agentes creen que cerca de una veintena de
subsaharianos consiguieron penetrar en la ciudad autónoma, aunque la
Delegación del Gobierno en Melilla insiste en que “sólo hemos detenido
a ocho y están en el centro de retención de inmigrantes”.
Hombres, pero también mujeres y niños –más de una veintena- fueron
detenidos en Nador y las zonas boscosas de sus alrededores y conducidos
a Comisaría, donde pasaron casi dos días. Este lunes por la tarde les
esperaban tres guaguas a las puertas de las dependencias policiales.
Con un mendrugo de pan en la mano y una botella de agua, fueron
saliendo uno por uno para subir a los autocares.
El destino, la frontera con Argelia, más allá de Oujda, en el desierto.
La desesperación dominaba el ambiente. Otra vez vuelta a empezar. En
Oujda se concentran más de mil subsaharianos, cuenta Chakib Al Jayari,
presidente de la Asociación de Derechos Humanos del Rif. “Allí viven y
tratan de trabajar para reunir dinero y volver a Nador para intentar
colarse en España; desde 2006 no se veía ningún intento de grupos tan
numeroso”, aunque “sí que es habitual que vengan menos, de diez en diez
para salir en patera”.
Sólo quince, según Hichan Baraka, de la Asociación de Derechos Humanos
de Oujda, de los expulsados este lunes han conseguido regresar desde el
desierto y cruzar de nuevo la frontera con Marruecos. Eran todo
hombres. A las mujeres y los niños les resultará más complicado
recorrer de nuevo el camino y llegar a la ciudad. “Otros están haciendo
el camino inverso y se dirigen hacia Argelia; son varios grupos”,
cuentan miembros de las asociaciones de derechos humanos; “allí dicen
que hay menos presión policial y que tienen más facilidades para
conseguir trabajo; en cuanto estén preparados intentarán otra vez dar
el salto”. Decenas de estos subsaharianos se dirigían ayer hacia
Argelia en un duro peregrinaje que no ha hecho màs que empezar.

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