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La noticia del último pacto, a
tan sólo un año del comienzo de la legislatura en Canarias, y posterior moción
de censura en el ayuntamiento majorero de La Oliva ha provocado diferentes
reacciones dentro de de los diferentes partidos desde la lógica preocupación de
sus dirigentes, conscientes de que dependen de otros para mantener pactos en
otras instituciones, no solo municipales
e insulares, sino también autonómicas. Durante estas últimas semanas, así pues,
hemos asistido a un ir y venir de todo tipo de rumores. Todo tipo de
especulaciones, dimisiones, etc.
En ellos se especulaba sobre
posibles pactos que jamás hubiésemos pensado antes de las elecciones: son los
denominado pactos antinatura. Y no sólo ha ocurrido en La Oliva, sino también
en San Sebastián de La Gomera, en Valle Gran Rey, y los posibles de Puerto de
La Cruz y San Bartolomé de Tirajana, estos últimos muy poco probables según lo
escuchado y leído en los últimos días. Seguiremos esperando y atento a las
noticias.
Podríamos pensar que para algunos
hay que conseguir el poder cueste lo que cueste. Es difícil hacer entender a un
votante del PSC que su voto haya acabado
dando el poder de nuevo a González Arroyo. La ética y la dignidad de los
políticos debe estar por encima de posibles intereses que solo beneficiarían a aquellos a quienes antes criticaban. No se
entendería que ningún partido cambiara de discurso y lo que antes era malo y
malísimo, ahora se convierta en una buena opción, justificada por el mero hecho
de conseguir no sabemos qué.
Después de todo esto, el ciudadano
de Canarias tiene la percepción, probablemente no muy equivocada, pero
percepción al fin y al cabo, que muchos de nuestros políticos, esos que
intentan mantenerse a toda costa, incluso con pactos antinatura y hasta
cediendo la alcaldía con tal de
conservar como sea cualquier delegación, sobre todo cuando se trata las
relacionadas con el urbanismo, pueden tener otros intereses ocultos, más allá
del esplendor y del futuro del municipio.
Por eso, cuando una formación política se opone a las tesis de su rival debería
ser porque piensa que tiene la razón en la gestión del urbanismo, los servicios
sociales o las respuestas a las
necesidades de los vecinos. Pero eso es una gran falacia, que queda en
evidencia con los pactos antinatura entre grupos municipales
antitéticos o que están fuera de los planteamientos y estrategias de sus
propios partidos. Es difícil entonces convencer a la ciudadanía
canaria cuando se les intenta cautivar con lemas como tu voto es decisivo o si
me apoyas, ganarás. Este denominado juego de la democracia influye en que la
política pierda adeptos y ya no
logre paralizar ninguna ciudad frente a un televisor o frente a un espléndido
día de playa, el día
de las elecciones.
El protagonismo en unas
elecciones cada vez está menos en el resultado de las urnas por culpa de este
tipo de pactos, que es donde realmente se decide quién gobierna. Ahora bien, en
esto hay partidos que parten con ventaja. Mientras que una unión entre
populares y socialistas, como la vivida en La Oliva, se tilda de escandalosa,
los nacionalistas de un lado y de otro de la orilla, pueden bailar hacia la
derecha y la izquierda sin despeinarse. Aunque en el baile todo es posible. Lo
peor de todo es que este tipo de prácticas son legítimas y todos lo practican,
pero a mí se me queda la misma cara del vencedor cuando le arrebatan la
victoria los derrotados compinchados.
Así las cosas, que nadie crea que en Canarias la abstención
aumenta por pasotismo. Lo hace -y mucho- por desengaño. ¿La solución? Bajo mi
punto de vista pasa por clarificar la vida política y devolver a cada cual a
sus verdaderas posiciones, estimulando en lo posible que gobierne, aún en
minoría, la lista más votada. Algo que, me temo, no gustará a nadie. Y eso que
tenemos los denominados pactos anticorrupción y antitransfuguismo, que si no
llegaran a existir ... imagínense ustedes como estaríamos. La legislatura en las
municipales, insulares y autonómicas
sólo llevan un año de vida, lo que todavía queda por venir en estos tres años
hasta 2011 puede ser de infarto. Y si no, tiempo al tiempo. Los ciudadanos y ciudadanas
seguiremos resignándonos.
Antonio Hernández Lobo es profesor de
Enseñanza Secundaria, vicepresidente del Consejo Escolar de Telde y presidente
de la
Asociación Plan Estratégico Ciudad de Telde.

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