Sin
duda esta semana, más que ninguna otra, va a ser recordada como la de los
teléfonos móviles. Y es que el objeto más deseado de la historia de Apple, el
iPhone 3G, se puso el día 11 a
la venta en 11 países, al mismo tiempo, entre ellos España. A través de un
marketing viral se ha conseguido crear una expectación sin precedentes en el
mundo de la tecnología y por miles se cuentan los consumidores que estos
primeros días han firmado un contrato leonino con Telefónica Movistar, operador
objetivamente más caro de todo el país, que los liga irremisiblemente a la
compañía durante dos años y con un coste mensual que legitima el latrocinio.
También con un móvil en la oreja, amén de máscara y guantes asépticos metáfora
de lo que debe pensar de la ciudadanía, se veía al presidente Paulino Rivero
estorbar y/o chupar cámara mientras se procedía al salvamento de los 55
inmigrantes que llegaron en lamentable estado a La Gomera en cayuco el mismo
viernes del estreno del dichoso teléfono. Y es que este chisme puede llegar a
costar hasta 400 euros precio que, por ejemplo, nunca pagaría de su bolsillo un
político cualquiera de turno que se encaprichara con el aparato sino que
sabría, como bien hace con todo lo que puede, endosarlo a los gastos que todos
los ciudadanos les pagamos en dietas y representación. Y digo esto porque
alguien, no recuerdo ni me importa quién, dijo que estos días se había hecho
política, refiriéndose a los pactos municipales de La Oliva, La Gomera o el Puerto de la Cruz, con el teléfono móvil.
Y es que los celulares, de lujo como el iPhone o carácter más básico, sirven
sobre todo para hacer trapicheos varios incluidos los que hacen los políticos
profesionales cuando no representan al ciudadano sino a
sus intereses.
La
política no se puede hacer detrás de un teléfono móvil como parece que ahora se
pretende. Para estar en julio, en plenas vacaciones políticas, en estos días ha
habido mucho menudeo en este sentido. El caso del municipio de La Oliva es de lo más
alucinante. Mientras Iker Jiménez en sus programas de temas paranormales se
atreve a afirmar que determinadas grabaciones que presenta son de muertos que
regresan al mundo para hacer el tonto o dar miedo, lo que se llaman
psicofonías, la policía científica es incapaz de determinar que la voz que se
oye del
Marqués de La Oliva, Domingo González
Arroyo, intentando comprar a un concejal sea la suya. Y es que con estos
antecedentes en este municipio cualquier cosa es posible, sobre todo lo que ha
pasado esta semana. Y es que el
Marqués
ha vuelto a controlar el ayuntamiento poniendo una alcaldesa de paja del PSOE,
que sólo cuenta en el municipio con dos concejales, al mismo tiempo que metía
un rodillazo en el vientre de Manuel Soria y promocionaba el papel higiénico en
las filas de Coalición Canaria y el pacto de gobernación.
Y
es que dicen que las políticas municipales son
otra cosa. En realidad en Canarias el tema de los grandes partidos,
PSOE, PP y CC, es el de una oligarquía que comparte intereses comunes y que, de
hecho, forman un trile unitario para las grandes opciones sobre todo si éstas
se tratan de infraestructuras y de generación de comisiones irregulares. Por
eso lo que ha pasado estos días en estos municipios no van a suponer un
problema para el estado de cosas en el que el archipiélago se encuentra en la
actualidad. La avaricia que rige en los políticos canarios no se va a romper
porque estas pequeñas estructuras caciquiles reclamen
lo suyo como también ha hecho el PSOE gomero estos días arrebatando
alcaldías a CC en un puro estilo caciquil. Ya lo decía un ex alto cargo de Adán
Martín a un constructor grancanario y que leímos perfectamente en las
transcripciones de la
Operación Góndola
ya que, según este, lo mejor es tener amigos en el gobierno y en la oposición
por lo que pudiera pasar.
Este
sábado 12 de julio algo más de medio millar de personas recorrieron la carretera
y calles del Casco de Icod para protestar por el anillo insular de carreteras
que al tiempo que ahorrará tan sólo 6 minutos de tráfico partirá algunos
barrios en dos, destruirán la forma tradicional de vida de muchos vecinos y
significará un impacto brutal en la economía y el medio ambiente del municipio.
A la lectura del manifiesto, en la plaza del ayuntamiento, el alcalde Diego
Afonso estuvo allí y aguantó con cierto estoicismo los abucheos de los
manifestantes. Y es que hay que decir que esto le honra: no me imagino a
políticos como la Oramas
o el Zerolo dando la cara en un ambiente que les es hostil porque ya se sabe de
la cobardía de éstos. Un manifestante le espetó que cuando la gente había
tratado de hablar con él los habían ninguneado y llamado fascistas y que el
hecho de que pudiera expresar su opinión allí es que la ciudadanía es mucho más
democrática. Y es que lo que sucedió aquel sábado caluroso de julio en Icod lo
van a tener que recordar por mucho tiempo la clase dirigente: aquellas personas
humildes que hicieron y deshicieron todos los actos de aquella marcha no son
unos indocumentados sino que pueden discutir, con razones, las mentiras que
destila la clase política. Y esta nueva lucha que ha comenzado con el trabajo y
las asambleas de los vecinos los meses anteriores no va a pararse ante
intereses oscuros. Ni mucho menos ante una llamada perdida.
Santi
Peña.
Me tienen frito.