Quienes desde la
legitimidad atribuida a los actos de poder de las élites hegemónicas sitúan en
tiempo pasado hechos violentos que conforman nuestro presente, corren un triple
riesgo. A corto y medio plazo, por un lado, perder la credibilidad pública de
sus relatos, que gracias al pábulo y la aureola con que los medios de
información y comunicación envuelven sus palabras acabamos desconfiando de lo
que nos cuentan y finalmente los clasificamos como un producto más de ficción.
Por otro, al ocultar la voz de los protagonistas directos de la realidad de la
que se habla se está exonerando a los concausantes de la violencia que sobre
ellos se ejerce. Finalmente, tratan de imponer su verdad a toda costa, pero no
quedan libres de que los subalternos, en justa defensa, estampen en el rostro de
sus legítimos dueños la violencia que ellos mismos han generado. A largo plazo
nadie sabe a ciencia cierta qué puede ocurrir. La correlación de fuerzas en el tablero
de juego del poder no siempre es la misma.
Cuando los
funcionarios de los organismos internacionales encargados de contribuir a la
paz mundial comparten los intereses de los violentos, nos encontramos una vez
más, frente a otra ya cansina e insultante sentencia reductora de algún pueblo
a la nada. La condena que se impone, en el caso del Sahara occidental, es la de
los colaboradores de los cuatreros, gratuitamente hecha fuera de la ley (Resolución
1514 de la A. G. de las
NN.UU., resoluciones 658, 690 y 1495 del Consejo de Seguridad) sin juicio previo,
que condena a los saharauis a ser un grano en la arena en la hamada de la
globalización.
El efecto de
verdad que se persigue materializar entre el común de las gentes es que no
existe un presente saharaui pujante y combativo en multitud de frentes. Por eso
insisten, a pesar de las lacerantes críticas, también no saharauis, en lo
errado de sus planteamientos. Siguen adelante porque sus pretensiones son las de
hacernos caer en la trampa de que existen razones ‘históricas', que combinadas
con la esencia pragmática de sus postulados políticos acabaremos todos dando
por legítimo el uso arbitrario e indiscriminado de la intimidación, que pasa a
ser llamada
solución consensuada del
conflicto.
Afirman que
"el largo y complejo problema del Sahara" es un problema insoluble,
pero que
con voluntad política podría
resolverse. Como si durante los 17 años que dura el alto el fuego entre la RASD y Marruecos no hubiera
existido la madura e inquebrantable voluntad política en el espacio del Sahara
occidental, el exilio y el refugio en la hamada de alcanzar un futuro
respetuoso con la libre expresión de las poblaciones en este escenario de
conflicto de la ex colonia española, con
la escrupulosa y limpia lectura, además, del Frente POLISARIO de los acuerdos
al más alto nivel para alcanzar el referéndum pactado, con el fin de que se pueda,
podamos todos, escribir sólo una línea en la historia de la humanidad con el
alfabeto de la justicia y la tinta de la libre expresión de las voluntades, con
la satisfacción de escribir nuevos versos de la madera con la lengua universal de
la paz que es la que entendemos quienes verdaderamente la construimos.
Recordar. Hay
que hacer recordar a cada instante que el referéndum pactado no responde a los
arbitrarios deseos de autoafirmación de un ‘otro grupo étnico' en detrimento de
otros, ni a la imposición de una sola posible salida al único territorio
africano pendiente de descolonizar con la independencia plena, pues en este heterogéneo
mundo en el que cabemos todos existe un pequeño y amante lugar en donde es posible que la generosidad sea amplia e inteligente,
aprendiendo y enseñando todos los días a sobreponerse al dolor del asesinato, sabiendo
cómo mantener lazos fuera de sí mismos porque en ello les va la unión con los
suyos, comprendiendo a carta cabal que
recuperar
la esperanza pasa por cobrar plena conciencia de que nos necesitamos[1]. Así es como en la
dinámica de la solidaridad internacional que mantenemos con los saharauis se
intenta colar por la gatera el
riesgo que
supone dar falsas esperanzas al Polisario, esperanzas dadas por quienes
pensamos que
no era ético esperar que el
Polisario aceptara la realidad política, la de Marruecos, claro; los
saharauis, según esta lógica, no disponen de realidad política con la que
‘consensuar' porque no conforman un Estado a imagen y semejanza de lo
considerado como tal por occidente. Son un ‘grupo subalterno' y en inferioridad
de condiciones para ejercer la política en plano de igualdad, por tanto, si los
estados que conforman el Consejo de Seguridad
no suelen debatir los factores políticos, ¡cómo van a poder hacerlo
los saharauis a través de sus instituciones! Pero el Consejo de Seguridad, como
organismo autónomo, supuestamente ajeno a los intereses de cada Estado-nación,
no tiene más remedio que tener en cuenta la
realidad política para alcanzar resoluciones que no conculquen la legalidad
internacional, queda por arte de magia transformado en el garante de la paz
porque ejerce la patria potestad sobre los pueblos ‘menores de edad' a los que
no se les puede dejar de tutelar, precisamente porque ha de garantizarse la
seguridad internacional. En este juego
entre el ratón y el gato, lo que al final se nos mete por la gatera son
ejércitos reales armados hasta los dientes que sustituyen a
los factores políticos si bajamos la
guardia. Por supuesto que la hegemonía no lo dice con esta claridad, porque el
lenguaje del poder antidemocrático, si no es perverso, no es tal. El asunto,
entonces, se expresa en términos como el
que sigue:
Los potenciales factores
políticos pueden ser, por ejemplo, el miedo al efecto desestabilizador de una
acción coactiva, la seguridad de que reparar una injusticia 33 años después
pueda reportar nuevas injusticias, o la renuencia a contribuir a la posible
creación de un Estado fallido.
¿Es que sólo los
saharauis saben que las opciones políticas del referéndum son tres: la
independencia, la integración en el reino de Marruecos y la autonomía? El ex
enviado personal del secretario general de Naciones Unidas para el Sahara
occidental, Peter van Walsum, parece que no se ha enterado todavía. Quizá sea
porque mientras ocupó el cargo no se ha contentado con expresar con absoluta
libertad sus opiniones personales en la prensa, por mucho que el diario El País
afirme lo contrario. Por mucho que le arropen los medios de comunicación
diciendo que ha tenido que
tirar la
toalla. No, miren ustedes, la verdad es que el Secretario General de la O.N.U. no le ha renovado el
mandato. Por supuesto que el máximo representante del POLISARIO le ha recusado,
pero siendo políticamente miembro de un grupo ‘étnico' menor de edad, la
responsabilidad de la no permanencia en el cargo no recae sobre Mohamed
Abdelaziz, sino sobre las declaraciones voceadas a los cuatro vientos por
Walsum de que la solución menos
laboriosa
es la de que
el Polisario pudiera
contemplar una hipotética solución negociada que no fuera la independencia
total.
Cuando quien
media en un conflicto ofrece a una parte la ‘opción' de claudicar sin razones
razonables, afirmando que
si en algún
momento futuro el Polisario está dispuesto a examinar esta posibilidad, espero
(...) que presente su propia propuesta global de autonomía, no puede hacer
recaer la responsabilidad de
agravar el
bloqueo y de perpetuar el statu quo en quienes pudieran contribuir a crear
un
Estado fallido. Este argumento ya
no es posible hacerlo real, ni en los territorios ocupados, ni en los
campamentos de refugiados, ni entre el movimiento de solidaridad con el pueblo
saharaui. Quienes confunden al pueblo con el Estado no se ha tomado la molestia
de conocer la grandiosa y modesta aportación del Frente POLISARIO y del pueblo
saharaui a la construcción de la democracia participada por un pueblo. Porque
quien hace largo el esperar y complejiza los problemas políticos de tal forma
que empuja a intentar hacerlos insolubles, muestra una actitud, en la actual
situación poscolonial en la estamos, propia de un chiquillo consentido y
malcriado al que hay que ayudar a descolonizarle la cabeza de la idea de que el
antojo injustificado puede conseguirse por cualquier medio. Es sano contribuir a la paz internacional con
el aprendizaje de ajustar la realidad a lo posible sin rebasar los límites del
respeto, pues las falsas esperanzas son fuente de frustraciones, impotencia y
amargos sinsabores. De esta cuestión los saharauis son maestros expertos.
Porque hay que
se claros cuando tomamos decisiones. El largo y complejo problema de la
descolonización del Sahara occidental tiene planteadas ya soluciones realistas
para la coexistencia pacífica. No son otras que las formuladas por el Frente
POLISARIO que cuentan con un abrumador apoyo internacional, apoyo que no
dispone la propuesta de una hipotética autonomía en un estado sin autonomías
dentro del reino alauita.
Si algún día
esta autonomía se impusiera por la vía de la violencia y la coacción
antidemocrática seguirán y seguiremos defendiendo el derecho de los pueblos a
la autodeterminación. Pero en ningún caso abrigando la idea de que reparar una
injusticia traiga consigo más injusticia. Al contrario. Desde hace 33 años la RASD es un ejemplo vivo sobre
uno de los pocos estados, a pesar de que las fuerzas hegemónicas actúan en su
contra, más exitosos del siglo XX y de lo que llevamos del XXI.
¿No será que lo
que está aumentando es la sensación de que cuanto más se acosa al pueblo saharaui
más se acerca el futuro de la independencia en el presente? Si plantear la
aceptación de la autonomía por los saharauis pasa por afirmar cosas como
la plasmación de garantías sólidas, avaladas
internacionalmente, de que en el futuro no se revoque el acuerdo constitucional
pactado o de que, aduciendo razones de seguridad nacional, no se vayan
socavando gradualmente derechos civiles como la libertad de expresión en
Marruecos, es que todo está cambiando por momentos y que la comunidad
internacional, si en ella incluimos las sociedades, apoyará con mayor razón y
firmeza la lucha de liberación saharaui que, hoy por hoy estamos convencidos,
no tiene todavía fecha de finalización, incluso aun después de la celebración del
referéndum legalmente pactado.
Beatriz Martínez Ramírez
Socia del CAUM, Club de Amigos de
la UNESCO de
Madrid.
Alcalá de Henares, 4 de
septiembre de 2008.
[1] Uno de los lemas del CAUM,
Club de amigos de la UNESCO
de Madrid.
http://pormarruecos.wordpress.com/page/2/