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El estudio resalta además que en la comunidad canaria un 3,6% de sus habitantes se ven afectados por niveles de pobreza severa.
Apunta que las comunidades de Murcia (21,2%), Castilla y León (21,1%) y La
Rioja (20,04%), también se sitúan por encima de dicho porcentaje,
mientras que Cantabria (14,2%), Asturias (16,8%), Comunidad Valenciana
(16,8%), Aragón (17,2%) y Extremadura (17,4%), son los territorios que
presentan unos niveles de pobreza autonómicos más bajos.
POBREZA SEVERA
Atendiendo a la severidad de la pobreza, indica que existen diferencias
considerables entre las distintas regiones del país. Mientras que con
un 0,8% La Rioja es la comunidad que cuenta con la tasa de pobreza
severa más baja, Castilla y León y Extremadura presentan la más alta de
todas las comunidades, que en ambos casos afecta a un 4,7% de la
población. En la comunidad canaria un 3,6% de sus habitantes se ven
afectados por niveles de pobreza severa.
La Obra Social de Caixa Catalunya presentó este lunes este informe, que se
centra en el análisis de la exclusión económica y laboral por
comunidades autónomas. Ha sido elaborado por un equipo de
investigadores del Instituto de Infancia y Mundo Urbano (CIIMU).
En él han participado los profesores Marga Marí-Klose -de la
Universidad de Barcelona-, Lluís Flaquer - de la Universidad Autónoma
de Barcelona-, Cristina Sánchez - de la Universidad de Girona- Lara
Navarro y Laura Morató, investigadoras del Instituto de Infancia y
Mundo Urbano (CIIMU), bajo la dirección científica de Pau Marí-Klose -
de la Universidad de Barcelona - y la coordinación general de Carme
Gómez-Granell, directora del CIIMU.
Según este informe de la Obra Social de Caixa Catalunya, existe una
heterogeneidad considerable en cuanto a cifras macroeconómicas por
autonomías, así como grandes diferencias en las medianas de los
ingresos equivalentes de los hogares de las distintas comunidades.
En él, además de analizar los umbrales de la pobreza económica, también
se identifican otros tipos de exclusión social como la laboral, la de
vivienda, la de formación, la sanitaria y la que afecta a los derechos
de participación.
Finalmente, se analiza la pobreza y la exclusión a partir del Ciclo de
la Vida, que se entiende como las diferentes etapas biográficas de una
persona (infancia, adolescencia, juventud, primeras etapas de la vida
adulta, madurez y ancianidad) y trayectorias socio-económicas (la
educativa, el ciclo familiar, la carrera profesional, entre otras).
POBREZA Y CICLO DE VIDA
El riesgo de exclusión económica se distribuye de forma desigual a lo
largo de la vida. Las situaciones de exclusión económica en España se
concentran en dos etapas vulnerables: infancia y ancianidad, siendo los
grupos que presentan las tasas de pobreza moderada más altas (24 y 31
por ciento respectivamente).
Las formas de pobreza más intensa (pobreza alta y severa) son mucho más
habituales en la infancia. Así, examinando la pobreza severa el Informe
de la Obra Social de Caixa Catalunya destaca que las personas que
presentan un riesgo más alto de sufrir pobreza son los menores de 16
años (5,4%).
Esta misma tendencia queda de manifiesto si se examina la pobreza alta,
donde el grupo de edad con un mayor riesgo de pobreza continúa siendo
el formado por los menores de 16 años (10,3%). Las tasas de pobreza
severa y alta de las personas mayores de 65 años son mucho más bajas
(se sitúan en el 1,9 y 7,5% respectivamente).
La vinculación del hogar con el mercado de trabajo y la composición del
hogar son dos de los principales factores que explican los riesgos de
pobreza infantil.
Así, el riesgo de pobreza moderada de los menores es mucho más elevado
en los hogares en que sólo trabaja uno de sus progenitores (34%) que en
los hogares en que trabajan los dos (8,6). Los datos también corroboran
la delicada situación económica de los hogares monoparentales,
especialmente si la madre no trabaja.
NIÑOS POBRES
El 52% de los niños que viven en un hogar monoparental donde la madre
no trabaja son pobres. Cuando la madre trabaja, la tasa de pobreza se
reduce al 27%, sólo ligeramente superior al riesgo de pobreza de la
población infantil en general.
El Informe también destaca los riesgos de exclusión económica que
afrontan los jóvenes en edad de emanciparse. Este riesgo se intensifica
debido a los elevados costes de la vivienda a los que deben hacer
frente para emanciparse.
El Informe presenta una simulación que calcula las tasas de pobreza de
las personas de 26 a 35 años que viven con sus padres si optaran por
emanciparse. El resultado de estos análisis revela que, si abandonaran
el hogar de sus padres, las tasas de pobreza se situarían muy por
encima de la tasa media de pobreza del conjunto de la población
española.
POBREZA E INMIGRACIÓN
Los resultados del estudio evidencian que las condiciones de vida de la
población extranjera respecto a la autóctona constituyen uno de los
principales riesgos de fractura social. En este sentido, el porcentaje
de pobreza de las personas inmigrantes es sensiblemente superior al de
las personas nacidas en España, en todas sus tipologías.
Así, si la pobreza moderada alcanza al 17% de los hombres y al 21% de
las mujeres nacidas en España. Entre los nacidos fuera de la UE-25, la
tasa de pobreza moderada se sitúa en el 26% y el 24%, respectivamente.
Por lo que respecta a las tipologías más intensas de pobreza - alta y
severa - la brecha se incrementa aún más. Así el 6% de hombres de
origen español y el 7% de mujeres sufren pobreza alta; en el caso de
las personas nacidas fuera de la UE, la pobreza es el doble (12 y 14%,
respectivamente).
Finalmente sufren pobreza severa un 3% de los autóctonos/as, mientras
que entre los nacidos fuera de la UE-25 esta ratio se triplica (10%).
La situación económica es especialmente difícil para las familias de
origen inmigrante con menores dependientes.
En torno a la mitad de los menores de origen inmigrante viven en
situación de pobreza moderada (52%), proporción 2,5 veces superior a
los menores pobres de origen español. Entre los menores inmigrantes
también son muy elevadas las tasas de pobreza alta (32%) y severa (28%).
PROTECCIÓN SOCIAL
Finalmente, el Informe de la Inclusión Social en España 2008, analiza
el impacto de los sistemas de protección social de los Estados sobre
las situaciones de riesgo social. Así, el Informe muestra la capacidad
de los Estados europeos de reducir la pobreza de dos grupos de edad
(menores de 16 años y mayores de 65) a través del esfuerzo público en
dos momentos en el tiempo (1999 y 2006).
Los resultados ponen de manifiesto que España es el único país en que,
durante este período, empeora simultáneamente la capacidad para reducir
la pobreza en los dos grupos de edad, a pesar de que se ha conseguido
proteger las generaciones mayores de la posibilidad de experimentar las
formas más severas de pobreza.
El sistema público de bienestar en España muestra déficits importantes
en la protección social de menores, que explican en buena medida que en
este país se registren las tasas de pobreza infantil más altas del
entorno europeo próximo (UE-15).
EXCLUSIÓN LABORAL
El Informe examina diversas formas de exclusión vinculadas a la "baja
calidad" del empleo, como son los trabajos de baja remuneración o los
empleos sujetos a modalidades de contratación temporal.
Entre los trabajadores asalariados que trabajan a tiempo completo, la
incidencia del empleo de baja remuneración es sobre todo muy alta entre
los trabajadores/as de 16 a 25 años (27%) y disminuye drásticamente en
etapas más avanzadas del ciclo vital.
Las diferencias según género, nivel educativo y lugar de nacimiento son
más reducidas, pero estadísticamente significativas. La proporción de
mujeres asalariadas que trabajan a tiempo completo con empleos de baja
remuneración (14%) dobla a la de los varones (7%). La de
trabajadores/as asalariados con estudios primarios (13%) dobla a la de
los que poseen estu¬dios superiores (6,4%).
La proporción de trabajadores/as asalariados de origen extranjero
extracomunitario con empleos de baja remuneración es también
significativamente superior a la de trabajadores/as nacidos en España
(16% y 9,2%, respectivamente).
BAJA REMUNERACIÓN
Además del empleo de baja remuneración, otro de los factores de
exclusión laboral es la temporalidad del empleo. España es el país de
la Unión Europea con tasas más altas de contratación temporal y donde
la diferencia salarial entre el salario bruto por hora de un
trabajador/a con contrato indefinido y un trabajador/a temporal es más
acusada.
Los resultados de los análisis de Caixa Catalunya sugieren que los
trabajadores/as temporales perciben peores salarios que los
trabajadores estables, una vez se han controlado características
individuales, del empleo y de la empresa en la que se desarrolla la
actividad laboral.
Así, en igualdad de condiciones las mujeres con contrato temporal
tienen salarios un 13% inferior a las que tienen contrato indefinido;
en el caso de los hombres, el salario es un 14% inferior.
También puede observarse asimismo que, con independencia del carácter
permanente o temporal de su trabajo y de otras características
individuales, del empleo y del entorno laboral, las personas más
jóvenes tienden a percibir salarios más bajos que los trabajadores más
veteranos. Así, en igualdad de condiciones, un hombre de 16 a 25 años
percibe un salario un 23% inferior al de un hombre de 55 a 64 años.

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