Sentado, delante de mi ordenador, mientras escribo este artículo, dándole
vueltas a lo que os quiero transmitir, me digo a mí mismo que realmente
quisiera creerme que son ciertas las palabras con las que titulo este
comentario. Pero la realidad me despierta y no voy a ser demasiado pesimista
porque aún creo que eso lo podemos conseguir. ¿Cuándo? Yo no lo veré. Pero no
importa, mientras una sola persona me acompañe en esta tarea, entonces me
sentiré satisfecho.
Esta semana, una de esas personas, ha estado aquí conmigo. Norbert, un
compañero de Alemania que ha perdido una de sus preciadas semanas de vacaciones
para sentarse conmigo delante del ordenador y traducir la página de
www.savecameroonchildren.org conmigo. Han sido muchas horas
para que el sentido que intento dar en la página quedara bien claro para el
lector de Alemania. Él sólo habla alemán y un poco de inglés y yo sólo hablo
inglés y un poco de alemán. Imaginaros. Pero nuestras caras cuando terminamos
el trabajo, nuestras risas, nuestra satisfacción de poder transmitir más allá
de nuestra fronteras, al mundo, la tragedia que está ocurriendo cada día; aquí
mismo, al ladito mismo de nuestras casas, en la casa del vecino. Realmente
gratificante. Sí, fueron horas y horas, pero a los dos, que hemos visto la
tragedia en directo, nos compensa. Y no nos compensa porque seamos una especie
de ángeles venidos del más allá; nos compensa porque realmente es muy grato
dedicar un poco de nuestro tiempo en tratar de ayudar al niño que realmente lo
necesita. Y qué mejor que dedicar un pequeño esfuerzo en ayudar a aquellos
niños que nada pueden perder porque no tienen realmente nada en este mundo. Ni
padres, ni casa, ni familia, ni bienes, ni estudios y muchos nadas más que se
me ocurren. ¿Nuestra ilusión?, que podamos ver un día, no demasiado lejano, el
proyecto funcionando.
Luego me quedo sólo una vez más y me doy cuenta de que son pocos los que
realmente
ENTIENDEN lo que llevo meses intentando explicar. Norbert y yo
hemos hablado mucho sobre ello y él me decía
"Antonio, ¿te acuerdas
cuando estábamos allí pasando penalidades en esa tierra olvidada por todos?,
allí mismo nos preguntábamos los que allí estábamos, cómo explicar lo que
vivíamos día a día. Allí, Antonio, nos dimos cuenta de que nadie lo
entendería". ¡Cuánta razón!
Aquí volví esperanzado y con la prepotencia de un inocente pensando que esto
yo lo solucionaba en dos asaltos. Que no sería posible que la gente no
estuviera dispuesta a ayudar a esos niños. ¿Cómo iba a ser posible, cuando
hablara con este Alcalde y esa otra empresa, que no hicieran lo posible para,
cuanto antes, llevarles lo necesario para salir adelante?
Clovis Marubo, un indígena de la Amazonia, cuenta lo siguiente:
"Nosotros
nos hacemos favores. Si vienes a mi maloca compartiré lo que tengo. Si tú traes
algo, lo comeremos juntos. Ahora, muchos no hacen favores; venden,
intercambian, ya apenas se ayuda sin más." Lo he dicho y lo repetiré
hasta la saciedad. Quiero ayudar porque sí, sin contraprestación, sin más que
por el placer de hacerlo. No entiendo la ayuda de otra forma que no sea esa.
Los que aparecemos en la foto de este artículo así lo entendemos y así lo
hicimos.
Ayer empezó esto como un sueño y la ilusión se hará realidad.
¡NO LO DUDES!
Saludos desde Camerún
Antonio (
Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla
)
www.niñosdelmundoes
www.savecameroonchildren.org
(A Victoria y Cecilia)
MUCHAS FELICIDADES