El informe, publicado hoy, añade que durante todo el periodo
comprendido entre la puesta en marcha de los motores en el
aparcamiento y el final de la grabación en el registrador de
parámetros de vuelo (DFDR) indica que los valores de deflexión de
los flaps fueron de cero grados.
(Los flaps son las superficies hipersustentadoras de borde de
salida del ala que se emplean para las operaciones de despegue y
aterrizaje)
El MD-82 está diseñado con dos dispositivos flaps y de borde de
ataque de alas (slats), y que según el informe preliminar, los
restos encontrados de estos últimos evidencian que estaban en una
posición de repliegue.
Del resultado de los exámenes realizados por la Comisión sobre
los componentes encontrados a lo largo del recorrido del avión fuera
de la pista se han identificado cinco flaps, tres de la semiala
derecha y dos de la izquierda.
Analizados estos restos, se ha comprobado, según el informe, que
cuatro de ellos se podían extender y retraer libremente, mientras
que el quinto había quedado bloqueado tras haberse desprendido de la
estructura del ala.
La Comisión ha detectado también que el computador de guiado
digital de vuelo (DFGC) seleccionado por la tripulación -el MD-82
está equipado con dos de estos aparatos- presenta problemas de
integridad y fiabilidad en los parámetros de vuelo que se transmiten
al DFDR desde dicho sistema, por lo que se continúa investigando el
origen de este problema.
Entre los parámetros que se registran procedentes de dicho
computador está la posición de los slaps, mientras que en los
parámetros de posición de los flaps y de la temperatura de la sonda
RAT no intervienen estos computadores.
El MD-82 de Spanair, preparado para volar desde Madrid a Gran
Canaria, debió suspender su primer despegue al encontrar los pilotos
un excesivo calentamiento de la sonda de temperatura (RAT), a las
13.33 horas del pasado 20 de agosto.
Esta situación está registrada por el DFDR que indica que el
aparato estaba configurado con una deflexión de 11 grados de flaps.
El avión, una vez subsanado el problema, indica el informe, fue
autorizado a iniciar un nuevo despegue y soltó frenos a las 14.23
horas, alcanzando la velocidad V1 (de despegue) a las 14.24 horas, y
unos segundos más tarde se activó la bocina y la voz sintética
anunciando la condición de pérdida aerodinámica.
El informe relata que a partir de ese momento el avión se elevó
40 pies del suelo y descendió bruscamente impactando con el terreno
con la parte del cono de cola y casi simultáneamente con la punta
del ala derecha y los capós del motor derecho.
A continuación, el aparato rodó a lo largo de 448 metros
perdiendo contacto con el suelo al alcanzar un terraplén, y siguió
por un terreno irregular que descendía sobre el arroyo de la Vega,
próximo a la pista, donde originó un incendio que afectó al avión y
a cerca de doce hectáreas de terreno.
Debido a los botes que dio el aparato, perdió completamente la
integridad estructural y sus restos quedaron muy afectados por el
fuego y fragmentados sobre el terreno.
A modo de conclusión, la CIAIAC apunta en su informe que la
investigación va a continuar centrándose en obtener evidencias
adicionales que permitan conocer los detalles de la configuración
que presentaba el avión en el momento del accidente y del
funcionamiento de su sistema de avisos en cabina.
Para ello se va a emprender exámenes exhaustivos de los elementos
recuperados del avión que tengan que ver con ese objetivo, como por
ejemplo los paneles de control de guiado de vuelo automático, en los
que se ha documentado la posición en la que se encontraron algunos
de sus mandos en el momento del accidente.
También se quiere analizar con detenimiento las grabaciones que
hay en los registradores de vuelo, DFDR (de parámetros de vuelo) que
tiene datos correspondientes a más de 100 horas, y el registrador de
voces en cabina (CVR) que tiene registrados los 32 minutos
anteriores al momento del accidente.
Por último, la Comisión señala que la información que se aporta
en el presente informe es susceptible de variar a medida que la
investigación avanza.
El accidente ocurrido el 20 de agosto en el aeropuerto de
Madrid-Barajas causó la muerte a 154 personas, de ellas 148 eran
pasajeros y seis tripulantes, y resultaron heridas 18 personas.