 Tiempos de cambio drástico y revolución. El texto que inspira este
estremecedor retrato sobre la decadencia de los sentimientos se inspira
en ‘Las Amistades Peligrosas'. Pero el trasfondo de esta obra que trae
a Gran Canaria a la genial Blanca Portillo va mucho más allá del cambio
social que ya se barrunta años antes de estallar la Revolución
Francesa. La acción tampoco tiene por único escenario un elegante
tocador de señoras versallesco.
Barroco se representará sobre las tablas del Teatro Cuyás los días hasta el 9 de noviembre.
"Choderlos de Laclos escribió su novela Dangerous
Liaisons siete años antes de la Revolución Burguesa Francesa. Heiner
Müller publicó Cuarteto exactamente doscientos años más tarde. Estaba,
de la caída del Muro de Berlín, casi a la misma distancia que Laclos
estaba de la Revolución. Laclos hubo de ver pronto cómo se degradaban
los personajes de su salón y cómo, muy probablemente, fueron
decapitados en el histórico frenesí durante el cual únicamente la
guillotina sabía lo que estaba haciendo. Müller coloca sus personajes
en un refugio durante la Tercera Guerra Mundial, tras haber pasado por
la experiencia de las explosiones de Hiroshima y Nagasaki" destaca
Pandur.
El director del montaje continúa: "En
esta repetición interminable de los mismos sucesos parece que la
historia está escarbando continuamente en su propio vertedero de
basura; y por ello no resulta difícil creer a Canetti cuando concluye
que, a partir de un cierto momento, la historia dejó de ser real y, por
consiguiente, toda la humanidad ha abandonado la realidad sin ni
siquiera darse cuenta. Esta historia es, con mucho, una casa bastante
incómoda para el hombre, puesto que lo que hace en ella no es otra cosa
que experimentar el curso de los (continuamente repetidos)
acontecimientos y está continuamente deseando algo grande que podría
venirle de alguna otra historia".
En medio de
esta disertación sobre el destino del hombre o, como el propio Pandur
dice "la ilusión de la libertad", el director coloca otro conflicto
universal que nos toca a todos. La perenne lucha de sexos; el problema
de que hombres y mujeres ‘aguanten al 50% el peso del cielo'. "El
conflicto histérico de hombre y mujer como los dos lados de la misma
indiferencia, que cobra sentido y significado únicamente en el
escenario de su mutuo conflicto", explica el director. "Y no busca
perdón en el pasado porque carece de ambas cosas, de pasado y de
futuro; es un presente continuo. La historia de cómo se devoran el uno
al otro es quizás la única historia que podemos reconocer como el
presente".
La obra es un extenso cara a cara
entre la marquesa de Merteuil y el vizconde de Valmont, atrapados fuera
del tiempo. Son Sísifo acarreando su amor hasta la cima, para
despeñarlo convertido en odio, y vuelta a empezar. Llevan dos siglos y
medio hiriéndose, y están desechos, atrapados en lo que parece un
garaje y es un búnker, después de una explosión nuclear. Ahí los colocó
Heiner Müller, y ahí los reencontramos, en esta versión de Tomaz Pandur.
La importancia de la música
Nacho
Duato pone la esencia del movimiento y Boris Benko la música que
acompaña a la acción. Una interesante mezcla de estilos que incluye
piezas barrocas que se alternan con músicas de otros tiempos y estilos.
La heterodoxia de la propia escenografía tiene un reflejo claro en la
partitura de la obra. "Desde nuestras primeras conversaciones con el
director Toma Pandur", señala Benko, "sabíamos que la obra y la música
-como ocurre con la novela- transcienden el tiempo y el espacio en los
que se desarrollan los acontecimientos. Tomaz ha conseguido esa
sensación de intemporalidad con saltos narrativos y una escenografía
poco ortodoxa -sitúa a los actores ataviados con suntuosas vestimentas
barrocas entre las paredes de hormigón de un búnker. En cuanto a
nosotros; en lugar de optar por lo evidente y componer música de
reminiscencias barrocas, nos decidimos por combinar fragmentos barrocos
con elementos pertenecientes a diferentes épocas y culturas. Un
detenido examen de las piezas revela una amplia variedad de
referencias: de Albinoni a Händel, de Sarasate a Saint-Saëns, de
Khachaturian a Gorecki, de Vangelis a Sakamoto- trazando un arco que se
extiende desde comienzos del siglo XVIII hasta nuestros días, lo que le
da ese deseado toque de universalidad. Podemos detectar asimismo
retazos de folklore en la interpretación especialmente en las piezas
escritas para violín y violonchelo".

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