 El concepto que sobre el autismo suele tenerse
cambia por completo al cruzar la puerta de 'La Escuelita de Ilusiones'.
Lejos de la idea de que el autista no se relaciona, de que es incapaz
de aprender, de que no interactúa o de que permanece absorto en otro
mundo, nos encontramos a nuestra llegada con un pequeño grupo de niños
disfrutando de un recién iniciado proceso de aprendizaje que ya les
anima a interesarse por todo cuanto sucede a su alrededor.
'La Escuelita' está situada en la carretera de Los
Baldíos, La Laguna, desde que en septiembre pasado cambiase su sede.
Actualmente, veinte niños de entre dos y doce años asisten diariamente
a las clases individualizadas que imparten nueve profesionales, bajo la
dirección del cofundador del proyecto, Arquímedes Fernández Valdés. En
una de las aulas, tres de estos niños nos reciben con curiosidad
mientras observan la cámara de fotos en la que querrán verse después.
El más pequeño sonríe cuando es premiado con pasas (le encantan) por el
buen trabajo que está haciendo.
Manuel -todos los nombres son ficticios- se centra hoy en repetir las
sílabas y palabras que dice su profesora. Frente a él está Javi, quien
disfruta viendo y tocando todos sus juguetes preferidos como recompensa
a los importantes avances que está consiguiendo. No tiene que pensarlo
mucho ni se equivoca una sola vez cuando se le pide que coloque cada
dibujo con el que corresponde. El caso de Dulce es más especial, porque
tiene asociados a su patología algunos problemas de psicomotricidad.
Sin embargo, se vuelve loca de alegría con cada palabra cariñosa de su
profesora y se concentra al máximo al poner los aros de colores donde
ya sabe que deben ir.
En el aula siguiente está Ismael, uno de los mayores del centro. Nos lo
encontramos leyendo un libro sobre la vida animal y, a pesar de la
lógica timidez que le causa nuestra presencia, nos realiza una
asombrosa demostración de las habilidades que ha conseguido desarrollar
durante su estancia de menos de un año en 'La Escuelita', entre ellas
la lectura y la escritura. Antes de marcharnos nos mira, nos dice adiós
y nos dedica una sonrisa cómplice.
LOS INICIOS DEL PROYECTO
Tras un recorrido por las instalaciones, de las que llama la atención
el colorido del mobiliario y el olor a nuevo, nos recibe Arquímedes en
una improvisada sala de reuniones donde nos cuenta cómo nace este
proyecto educativo en Tenerife. "Nos pusimos de acuerdo una serie de
personas de las universidades de La Laguna, Oviedo y Columbia -ésta
última es la más avanzada del mundo en el ámbito del aprendizaje de
niños con autismo- con el fin de poner en marcha esta iniciativa
innovadora en Canarias en el campo del autismo y que cuenta con dos
años de andadura".
En la ULL existía ya una unidad de trabajo, el Grupo de Investigación
en Autismo y Tratamientos Eficaces (Guiate), del que Fernández Valdés
es director, y que está vinculado a 'La Escuelita'. El centro nace como
extensión de ese apoyo que desde Guiate se presta a los padres y cuenta
con el respaldo del Ayuntamiento lagunero, que ha cedido las actuales
instalaciones. Tras un primer año de andadura en una pequeña casa en
Geneto y con sólo dos alumnos, el centro cuenta, en estos momentos, con
veinte niños matriculados.
El proyecto parte de la base de hacer llegar la innovación en el
aprendizaje de niños con autismo. Así, los avances más recientes que se
logran en las grandes universidades o en los centros de investigación
se trasladan como método educativo, mientras que desde 'La Escuelita'
se colabora, asimismo, en la organización de actos relacionados con el
autismo, como el que ha tenido lugar recientemente en Santa Cruz de
Tenerife de la mano de CajaCanarias y relacionado con la detección
temprana.
EFICACIA DEL MÉTODO EDUCATIVO
'La Escuelita de Ilusiones' está sustentada por 'Ilusiones para el
Autismo', organización sin ánimo de lucro, y por los padres de los
niños que aprenden en el centro. El proyecto se presenta a modo de
'escuela de transición' y sigue los tres pilares básicos del
aprendizaje en el campo del autismo: detección temprana, intervención
muy intensiva y uso de procedimientos basados en la evidencia
científica. Existen dos programas, el de mañana, que consiste en una
escolarización normalizada con cinco horas de clases al día, y el de
tarde, del que se beneficia un grupo mucho más amplio y que va en la
línea de una enseñanza complementaria.
El 90 por ciento de los niños de 'La Escuelita' tiene entre dos y seis
años. Este porcentaje no es casual, ya que, tras ser diagnosticados,
acuden al centro para recibir un apoyo muy intensivo y cubrir todas las
lagunas de aprendizaje antes de iniciar su periodo de escolarización
obligatoria. El tratamiento educativo puede ser de dos tipos, bien
basado en evidencias científicas (ABA), que es el que se aplica en 'La
Escuelita', o el que deriva de un conglomerado de tratamientos sin base
científica.
"En estos momentos, todos los organismos científicos internacionales
reconocen que ABA es el único procedimiento que demuestra ser eficaz",
subraya Arquímedes Fernández, quien explica que la edad juega un papel
vital a pesar de que el tratamiento no varíe. No obstante, mayor es la
plasticidad cerebral de un niño cuanto más pequeño es, "aunque eso no
representa un límite absoluto".
Para que el método ABA resulte totalmente efectivo, se debe dar una
serie de condiciones concretas, entre ellas iniciar el proceso lo antes
posible, así como de la forma más intensiva. "Se trata de conseguir
acelerar el desarrollo evolutivo de los niños, porque cada año que pasa
supone que la diferencia entre un niño con autismo y otro sin autismo
se acentúe más", señala el director del proyecto.
También considera indispensable el apoyo de la administración pública
en un método en el que se hace necesario que cada alumno tenga su
propio maestro, dado el trabajo absolutamente individualizado que se
realiza. "El currículum es personal y se supervisa todos los días. Si
el procedimiento que se está empleando funciona, se sigue utilizando,
pero de lo contrario hay que cambiarlo, lo que supone un coste añadido
al pago que han de hacer los padres", destaca.
MÁS FELICES CUANTO MÁS APRENDEN
Qué pasa por la mente de un niño autista es una pregunta que aún no ha
encontrado una respuesta científica. Los educadores e investigadores,
antes de intentar dedicarse a este asunto, centran sus estudios en
cuestiones más prácticas, menos abstractas, con el objetivo de que
estos niños aprendan desde lo básico para poder ir percibiendo las
diferencias que existen en su entorno. "Lo que sí sabemos es que los
niños autistas pueden ser tremendamente felices, más cuanto más
aprenden".
Las expectativas de los padres respecto a las de los educadores se
multiplican. "Nosotros pretendemos que sus expectativas sean reales.
Sabemos que con ABA, en torno al 45 por ciento de estos niños pueden
estar regularizados en aulas pero, para muchos padres, estas cifras son
una desesperanza, a lo que se suma un aprendizaje que es lento al
principio". No obstante, a medida que transcurre el proceso, la familia
es invitada a ir participando en él, porque el traslado de cuanto se
aprende en el centro ha de ser muy funcional.
La relación entre los propios niños es otro elemento sobre el que se
trabaja en 'La Escuelita'. Para ello, se crean espacios en los que se
generan conductas de interacción que, en primer término, se llevan a
cabo con adultos, por resultar al niño más cercanos. No obstante, esto
se logra tras un proceso normalmente rápido que se inicia en el momento
en que el niño llega al centro sin capacidad para la conducta social.
DIFICULTADES
"Para los padres, el diagnóstico de autismo es una pérdida más, una
etiqueta peyorativa a la que se le añade un negro futuro: su hijo no va
a caminar, va a tener problemas para comer solo, no hablará nunca...
pero lo cierto es que nada de eso es verdad", dice tajante Arquímedes
Fernández, al tiempo que valora el hecho de que los diagnósticos sean
cada vez más tempranos. "Esto permitirá empezar a trabajar muchísimo
para que ese niño tenga un desarrollo evolutivo lo más rápido posible".
El director de 'La Escuelita' es consciente del sinfín de dificultades
que aparece en esta lucha, entre ellas la falta de apoyo
administrativo, por lo que invita a los padres a que acudan a los
recursos adecuados "porque un niño autista no está en otro mundo, sino
en el nuestro, y puede aprender muchísimo". En la actualidad, dos de
los niños del centro cuentan ya con sus propuestas de integración en
centros normalizados, mientras que otro inicia la transición el próximo
año.
GRANDES RECOMPENSAS
Arquímedes Fernández Valdés se considera científico, aunque ha llegado
a este proyecto por motivos personales. "A partir del diagnóstico de
una enfermedad de mi hija, me di cuenta de que, en el campo del
desarrollo, la ciencia no ha llegado aún a Canarias. Entonces contacté
con expertos de la Universidad de Columbia que se prestaron a venir a
las Islas a colaborar con nosotros, tras lo que decidimos iniciar este
proyecto".
El director del centro valora enormemente cada pequeño paso que un niño
da en su proceso de aprendizaje. "Ésta es la primera gran esperanza de
que estamos haciendo algo que es importante. La segunda es la sonrisa
de un niño que en los primeros meses no era capaz de mirarte ni de
saber qué querías decirle. La tercera recompensa es la ilusión de los
padres, quienes ven que todo lo negativo que les dijeron de su hijo no
es verdad".
'La Escuelita de Ilusiones' se encuentra en la carretera de Los
Baldíos, número 113. Desde la Dirección del centro se invita a todos
los interesados a visitar su web, www.fundailusiones.es, y pone a
disposición el número de teléfono 638 577 257, tanto para recibir
cualquier tipo de ayuda como para prestar la información que se le
solicite.

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Siempre está ahí y mis niños y yo le debemos mucho. Gracias por tu maravillosa labor, Arquímedes.