Sean Penn busca su segundo Óscar
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EFE
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jueves, 08 de enero de 2009 |
 "Milk" es una mediocre y localista película de Gus van Sant sobre el
primer concejal gay de Estados Unidos, una historia que es un vehículo
para el lucimiento de Sean Penn, que busca su segundo Óscar y recuperar
el terreno perdido. Tras ganar el Óscar en 2003 por "Mystic
River", Penn participó en varios proyectos fallidos ("The Assassination
of Richard Nixon", "The Interpreter" y "All the King's Men") que le
alejaron de la fama de actor de carácter que se había forjado en su ya
dilatada carrera.
En esta película, el actor californiano trata de recuperar ese terreno
perdido y lo hace con un papel preparado para su exclusivo lucimiento
por Gus van Sant, un director irregular, capaz de lo mejor y lo peor.
Y que en este caso muestra su lado más mediocre con una película en la
que mezcla hábilmente imágenes reales con ficción, lo que le da un
interesante aire de documental, pero en la que no es capaz de
transmitir el interés de una historia que se queda en los localismos.
Con una estética setentera, que incluye una planificación y uso de
planos múltiples propios de la época, van Sant cuenta la historia de
Harvey Milk, el primer concejal homosexual de la historia de Estados
Unidos, que logró ganar el pulso a la mojigata sociedad estadounidense
para mejorar los derechos civiles de los gays.
El director usa una estructura claramente operística -con música e
imágenes de "Tosca"- para construir una historia a la que quiere
imprimir un sentido épico que acaba por ser un sinsentido y en la que
el desarrollo de los personajes es prácticamente inexistente.
Sean Penn es el protagonista absoluto del filme, con una interpretación
por momentos excesivamente mimética, que le ha valido una candidatura a
los Globos de Oro y que parece apuntar directamente a la que sería su
quinta nominación a los Óscar.
Sin embargo, su esfuerzo se pierde entre una enorme cantidad de actores
secundarios que hacen confusa la narración y que realizan
caracterizaciones muy forzadas de sus personajes.
Con la excepción de James Franco, como novio de Milk, el resto de los
actores -desde Josh Brolin a Diego Luna, pasando por Emile Hirsch- no
cuentan con un guión que les permita asentar su trabajo sobre una base
sólida.
A pesar de que técnicamente la película cuenta con elementos
interesantes de planificación, encuadres y montaje, y de que los
escenarios reales en el Castro de San Francisco son atractivos, el
resultado son más de dos horas de una historia que se deja llevar por
los localismos en lugar de trascender a algo más universal que consiga
interesar a alguien fuera de Estados Unidos.
La película se estrena a partir de febrero en Latinoamérica.

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