 Fresa, hola fresa, bonita". Suisi mueve las manos
excitada y grita sin parar en perfecto castellano esas tres palabras.
No conoce muchas más, pero esas las recuerda sin problema. El año
pasado trabajó como temporera, junto con otras miles de compatriotas,
en la recogida de la fresa en Huelva. Ahora se enfrenta de nuevo al
proceso de selección para optar a un nuevo contrato de trabajo temporal.
"Este año viajarán unas 16.000 y la mitad son
repetidoras de otros años; la selección se hará sobre unas ocho mil que
si cumplen con todos los requisitos exigidos durante su estancia en
España podrán repetir también el año que viene", cuenta a Acn Press el
director general de la Consejería de Trabajo en la Embajada de España
en Marruecos.
Nos lo cuenta en Marrakech, donde ha dado comienzo el proceso de
selección. "Empezamos el jueves y el viernes terminan aquí las pruebas,
luego seguirán en Fez, Agadir y Mohammedia, cerca de Casablanca",
explica Aziz, director en Marrakech de la Agencia de Promoción de
Empleo de Marruecos, la Anapec. "Aquí optan 1.600 mujeres", puntualiza.
Fatema es una de ellas. Tiene 35 años pero aparenta más de cincuenta.
La mala vida le ha llenado de canas el cabello y de arrugas su rostro
envejecido. Tiene tres hijos, un marido incapacitado y pocas ayudas del
Estado. "En casa trabajo yo, soy la única que aporta dinero al hogar".
Sueña con viajar a España. "Con el dinero que gane allí podré alimentar
a mi familia durante unos meses".
UNA VÁLVULA DE ESCAPE
En la recogida de la fresa ganan algo más de treinta euros por día
trabajado y el período es de empleo es de unos tres meses. Suficiente
para salir de la miseria durante un tiempo. Aunque muchas mujeres se
tienen que endeudar para cruzar la orilla con un contrato temporal,
explica un técnico español presente en el proceso. "Ellas tienen que
hacer frente a los gastos de alojamiento, o de alimentación, y la
mayoría no cuentan con ahorros".
"Baraka, baraka" (suerte en árabe), repite incansable Rachida. Con su
mejor chilaba y el niño colgando de la espalda aguarda impaciente su
turno en la cola para acceder al recinto donde comprueban que las
mujeres cumplen con todas las condiciones exigidas para emprender el
viaje. "Aquí trabajo en lo que sea, en casas, en el campo en la
recogida de la aceituna, en lo que salga, pero en España pagan mejor",
dice con aire soñador.
La mayoría de las mujeres que se presentan a las pruebas proceden del
mundo rural, explica Aziz. "Tienen que tener entre 18 y 40 años y,
sobre todo, se les exige que sean madres de niños menores de catorce
años, para garantizar el retorno", afirma. Para demostrar que cumplen
con los parámetros, muchas de las mujeres han acudido a la selección
con sus mocosos agarrados de la mano.
"Una vez hemos comprobado que todo es correcto, se les tramitan los
visados y se les ofrece un taller de sensibilización", continúa. Allí
les explican cuáles serán sus condiciones de trabajo, cuánto tiempo
estarán en España, qué tienen que hacer en caso de accidente de trabajo
y hasta cómo abrir una cuenta bancaria, toda una novedad para unas
mujeres muchas veces analfabetas y poco acostumbradas a sacar dinero de
una máquina con ranuras y pantallas. En la sala, todas prestan atención
a las lecciones. Con un poco de suerte, en unas semanas estarán
recogiendo fresas, su pasaje al Dorado.

Noticias Relacionadas:
|