 Un equipo internacional liderado por astrofísicos españoles ha descubierto que algunos elementos radioactivos encontrados en los meteoritos más primitivos, que se remontan a los orígenes del Sistema Solar, pudieron proceder de una estrella seis veces mayor que el Sol, anunció este jueves el IAC.
Estos investigadores han llegado a la conclusión de que los isótopos radioactivos de estos cometas podrían proceder de una antigua estrella en los últimos momentos de su vida, según un comunicado del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC).
Estos elementos radiactivos podrían haber desempeñado un papel esencial en la evolución de los primeros bloques constitutivos de los planetas rocosos que forman el Sistema Solar, añade.
Explica que desde su descubrimiento en la década de los sesenta del
siglo XX, el origen de los elementos radioactivos que se incorporaron a
los primeros materiales sólidos que formaron los meteoritos ha sido un
tema muy debatido por los astrónomos.
Los meteoritos más primitivos han preservado en su interior esos
materiales primigenios dado que proceden de asteroides pequeños que
nunca llegaron a convertirse en planetas.
Son, por lo tanto, el único registro tangible del origen del
Sistema Solar, apunta el IAC.
Hasta la fecha se había pensado que esos núcleos radioactivos,
especialmente el aluminio y el hierro, podrían proceder de una
supernova cercana que habría dispersado estos elementos en el
momento de su explosión, aunque esta teoría no parecía ajustarse
totalmente a las observaciones realizadas.
Según Josep Trigo, investigador del Centro Superior de
Investigaciones Científicas (CSIC) y del Instituto de Estudios
Espaciales de Cataluña, "este nuevo estudio proporciona el primer
modelo astrofísico que reproduce la abundancia de estos elementos en
los primeros meteoritos, llamados condritas, sin necesidad de
invocar la presencia de una supernova en la vecindad solar en los
momentos iniciales de la formación del Sistema Solar".
Por el contrario, los resultados obtenidos por el nuevo estudio
sugieren que una vieja estrella cercana equivalente a seis soles,
mucho menos energética y masiva que una supernova, proporcionó los
principales núcleos radioactivos retenidos en los meteoritos
primitivos.
"Gracias a este trabajo se ha comprobado que la proporción de
isótopos radioactivos estimados en nuestros modelos de una estrella
de seis masas solares coincide a la medida en los meteoritos
primitivos", señala Aníbal García, investigador del IAC.
En general, las estrellas mayores que el Sol conforme envejecen
queman en su interior elementos cada vez más pesados, desde el
hidrógeno hasta el hierro.
En este proceso las estrellas aumentan su tamaño y algunas llegan
a convertirse en gigantes rojas mientras que otras, las más masivas,
por encima de ocho veces la masa del Sol, acabarían sus vidas
explotando como supernovas.
Ambos tipos de estrellas se hacen inestables al final de sus días
hasta que, en sus últimos latidos, expulsan al espacio las capas más
externas de su atmósfera.
Estos residuos son "los ladrillos" a partir de los cuales se
construyen nuevas generaciones de estrellas y planetas, detalla el
centro científico.
Según el estudio, los elementos radioactivos sintetizados en el
interior de estrellas gigantes rojas cercanas, con masas
aproximadamente seis veces mayor que la del Sol, habrían participado
enriqueciendo la nebulosa a partir de la cual se formó el Sistema
Solar sin necesidad de la contribución de estrellas más masivas, que
habrían producido supernovas, como hasta ahora se suponía.
La desintegración de esos isótopos en el interior de los primeros
cuerpos o protoplanetas sería responsable del calentamiento interno
que ayudó a que los primeros minerales se fundiesen y
recristalizasen para dar lugar a los planetas rocosos y grandes
asteroides.
"El trabajo demuestra que de ese modo la abundancia de los
principales núcleos radioactivos medidas en meteoritos serían
perfectamente consistentes con los producidos por este tipo de
estrellas", señala Arturo Manchado, investigador del IAC.
En el estudio, que se acaba de publicar en la revista
especializada Meteoritics and Planetary Science, han participado los
investigadores españoles Josep Trigo, del Instituto de Ciencias del
Espacio (CSIC-IEEC), Aníbal García y Arturo Manchado, del IAC, Pedro
García del European Space Astronomy Centre (ESAC) de Madrid, María
Lugaro y Mark van Raai de la Universidad de Utrecht, así como Amanda
Karakas del Observatorio Mount Stromlo de Australia.

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