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Pareciera como si algunas
personas fueran inmortales. Y en cierto sentido lo son. Cuando te sobreviene la
noticia de la muerte de una mega estrella como Michael Jackson un halo de
incredulidad zarandea las emociones y estremece la sinrazón.
Por un instante dudé de que fuera
cierto. Luego asumí apocado la realidad. Una certeza que te devuelve invariable,
a la futilidad de la vida y a la trascendencia baladí e insignificante de casi
todo, incluida la propia existencia. Incluso más, que cuando se va un allegado
cercano. Esas cosas tienen los mitos que los hacen indestructibles.
Michael Jackson es ya una alegoría,
el indiscutible "Rey del Pop", una fuerza sobre humana de voz distintiva y
movimientos extraterrestres. Y más allá de sus excentricidades, sus delictivas
-presuntas- aficiones pedófilas y sus enigmáticas sombras interiores; fue sin
duda, la mayor estrella planetaria de la historia de la música. Por encima
incluso de Elvis o Lennon.
Con todo, el talento innato que
demostró en los escenarios y la calidad de mucha de sus letras, me quedo con la
parte del mito que más me sedujo, su egolatría megalómana. Esa cualidad que
poseen muy pocos artistas, por las que sugestionan de tal forma y manera a las
masas de toda condición, hasta el punto de convertirlas en fanáticos
adormecidos. En seguidores incondicionales, en súbditos de una adoración. En exaltados
de todo un culto semi religioso.
Y es precisamente esa inmatura,
sorprendente y dolorosa muerte del ídolo, de la deidad, lo que lo mutará en
leyenda inmortal, por paradójico que parezca.
Michael Joseph Jackson nacido de
un suburbio de Indiana renunció a la infancia para convertirse en el Rey de la
música Pop de los años ochenta y noventa. Y Thriller, su mejor álbum, en
historia misma de la humanidad.
Su estilo, su música, su
espectáculo, te podrá gustar más o menos, pero lo que nunca podrá es dejarte
indiferente. Y es que hay artistas únicos, dotados de una substancia
sobrenatural, poseedores de un talento distinguido y de una maestría inherente,
que les hace superiores al resto de los mortales. Ese tipo de gente inequívoca o axiomática en
todo lo que hace, y que marcamos como Estrellas o Mitos.
Decía La Voz -Frank Sinatra- que sólo
se había encontrado en vida con alguien mejor a él y ese alguien era Michael.
Se nos apagó de repente la estrella, justo en el momento que renacía para
complacernos con sus últimos conciertos multitudinarios; que momento por otra
parte, más adecuado para morir. Y así convertirte sempiterno, en una auténtica
Leyenda:
Michael Jackson.

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