 En Marruecos, un país todavía muy marcado por el peso de la religión y la tradición, cada vez son más las mujeres que se atreven a introducirse en mundos hasta ahora reservados a los hombres. Más de un centenar de niñas y jóvenes marroquíes se han calzado los guantes dispuestas a darlo todo en el combate. Subidas a un cuadrilátero.
“¿Cómo? ¿Una mujer peleando por placer? ¿En un ring?; no, no, en Marruecos no hay mujeres así”. Amine vende frutas en un céntrico puesto de Rabat. Mientras despacha con soltura a la clientela, no sale de su asombro cuando escucha hablar de la afición que tienen, cada vez más, las mujeres marroquíes por el boxeo.
Niñas y adolescentes que desafían la mentalidad
machista y conservadora de muchos de sus vecinos, amigos y familiares y
se suben al cuadrilátero casi a diario. "El boxeo no está hecho para
las mujeres; es lo primero que le viene a la cabeza a la mayoría de la
gente cuando hablo de mi afición". Habla Jamila Largou. Esta joven de
26 años, campeona de Marruecos en 2007, entrena cuatro veces a la
semana en la prestigiosa sala 6 de Noviembre, en Mohammedia, a pocos
kilómetros de Casablanca.
Prestigiosa por los campeones que
fabrica en su humilde gimnasio. Nabil Meniam, ex campeón de boxeo de
Marruecos y revisor de la compañía nacional de ferrocarriles en la
actualidad, dedica sus horas libres a entrenar a Largou y a las otras
once chicas que frecuentan la sala. Nabil no cobra sus clases, pero
dice que las chicas le pagan con creces.
"Son increíbles, toman
muy en serio sus lecciones y me han demostrado que pueden pelear igual
que un hombre" cuenta mientras se pone los guantes para empezar la
clase. Mohamed Assouli, presidente del Club 6 de Noviembre, asiente:
"En Marruecos se asocia mujer con elegancia... y el boxeo con todo lo
contrario; pero el boxeo es un arte noble, como también lo es la mujer".
Amal
Gourir, la actual campeona de Marruecos, acaba de entrar en el
gimnasio. Sus ceñidas ropas dejan entrever la esbelta figura de esta
joven de 28 años. Unos ligeros retoques de maquillaje resaltan su bella
mirada. En un abrir y cerrar de ojos entra y sale de los vestuarios con
sus pantalones Adidas negros a la altura de las rodillas, su camiseta
de tirantes, su casco y sus guantes.
DERRIBAR ESTEREOTIPOS
Amal
dice estar harta de los estereotipos. "Antes todo el mundo me miraba
raro, incluso los chicos del gimnasio, pero me he ido ganando su
respeto". Lo que más le molesta, dice con el ceño fruncido, "es que nos
tachen de masculinas, de insensibles o de lesbianas; no tiene sentido".
Para
Largou sí lo tiene. "Desgraciadamente todavía queda mucho camino por
recorrer, muchas barreras que derribar". Largou no lo ha tenido fácil.
"Mis padres no querían que boxeara, no entendían que prefiriese boxear
que cuidarme y buscar un esposo". Incluso "mis amigos y mis vecinos me
ven como a una persona extraña".
Sin embargo, Jamila y Amal
saben que están consiguiendo, poco a poco, la aceptación de la sociedad
marroquí. "Somos deportistas, sanas, campeonas; un ejemplo para muchos
jóvenes", afirma convencida Largou.
El boxeo femenino en
Marruecos ha avanzado en los últimos años a pasos agigantados. En 2003
conseguían profesionalizarse y crear el equipo nacional. Dos años antes
se popularizaba la práctica en el país de la mano de las boxeadoras
Kabira Rochdi y Nadia Sayad, oro y plata en los campeonatos de África
de 2001.
Ocho años después de los éxitos de Rochdi y Sayad, hay
ya al menos una treintena de clubs en todo Marruecos -la mayoría se
concentran en Casablanca y Mohammedia- donde pueden entrenar las chicas
subidas a un cuadrilátero. Y hace tan sólo unos meses, la Confederación
Africana de Boxeo decidió que fuera Marruecos el país anfitrión de los
que serán los primeros campeonatos femeninos de África, que se
celebrarán en 2012.
ISLAMISTAS ENTRE EL PÚBLICO
Lahouani
Abdelouahed, funcionario en la Comuna de Mohammedia y miembro del
Partido Justicia y Desarrollo (PJD) -islamistas moderados- se encarga
de las subvenciones que se otorgan a la Sala 6 de Noviembre y sigue
todas sus actividades. "Estas chicas son puntales en su práctica
deportiva", dice lleno de orgullo. Para Abdelouahed "no hay que mezclar
la religión con la elección de cada uno de hacer un deporte u otro; si
las chicas quieren boxear, que boxeen".
Opina lo mismo cuando le
preguntan por el velo. "Algunas boxeadoras lo llevan debajo del casco,
otras no; como sucede en la calle, en la universidad, en una casa".
Abdelouahed lo tiene claro: "El velo no es una obligación, es una
decisión personal de cada mujer llevarlo o no, sea cual sea el
escenario".
Pero en un país dominado por la religión y la
tradición no todo el mundo piensa lo mismo. "Naima llevaba ya cinco
meses sin entrenar", sentencia Amal Gourir, campeona actual de
Marruecos. La joven Naima, de 16 años, llama la atención sobre todas
sus demás compañeras. Es la única que lleva el velo durante los
entrenamientos.
Su familia, explica Amal, "es muy conservadora;
y le prohibieron seguir entrenando, no les entraba en la cabeza que
Naima quiera ser boxeadora". Amal y las demás chicas hablaron con el
abuelo de la joven "y lo convencimos, comprendió que Naima no hace nada
malo cuando está en el gimnasio, todo lo contrario". Gracias a Alá,
dice Amal. Al Handulilah.

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