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Descomunal final olímpica. Descomunal. El marcador del intermedio:
61-69, 130 puntos en un tiempo. Poco más se puede decir. Los dos
banquillos habrían disfrutado de una renta inalcanzable en ese momento
contra cualquier rival. Pero España y los Estados Unidos depararon un
encuentro fuera de todo canon establecido. Un regalo para la vista, un
orgullo para el baloncesto.
Muchas finales de muchas competiciones
acaban con marcadores inferiores. Por no hablar del juego. Por ambas
partes. Estas dos extraordinarias selecciones habrían triturado a
cualquier otro adversario a falta de medio partido.
La excelencia de
Dwayne Wade o las filigranas de Rudy Fernández ante su próximo
entrenador en los Trail Blazers de Portland, Nate McMillan. Y España
sin José Manuel Calderón, baja por lesión -rotura fibrilar en el
adductor largo de la pierna derecha-. Y Ricky Rubio, lunático, que se
hizo daño en un dedo en el primer cuarto.
Como si nada. Los
campeones del mundo son los campeones del mundo. Y los profesionales de
la NBA, los mejores profesionales de la NBA, no las cuadrillas
indisciplinadas y soberbias que han menospreciado la altura de otras
selecciones en campeonatos anteriores, también representan la elite de
la elite.
El partido de la primera fase, que acabó en un monólogo
estadounidense (119-82), era historia. España, la de verdad. No el
equipo que renunció a mostrarse en todo la extensión en aquel choque. Y
gracias a Wade, que irrumpió en la pista como un ciclón (veintiún
puntos en 13.10 minutos antes del intermedio), los Estados Unidos
pudieron moverse al mismo ritmo que una España sideral.
Sideral. La
final del 84, un cuarto de siglo antes, contra un bloque que alineaba a
Michael Jordan, Patrick Ewing y Chris Mullin, entre otros, queda en los
albores del actual baloncesto español y, por ende, europeo. Ni los
mejores que la NBA puede reunir actualmente pueden salir a la pista
confiados contra bloques como el español y alguno que otro más.
Desde
luego, sin Wade y sin el ocho de catorce en triples que los
norteamericanos engancharon en los dos primeros cuartos (la selección
de la FEB consiguió un cinco de ocho), el oro se habría teñido de rojo
y amarillo, de Pau Gasol y de Felipe Reyes, de Ricky Rubio y de Carlos
Jiménez, de todos los integrantes de un cuadro histórico.
El
objetivo de los hombres de Aito García Reneses apuntaba a un último
cuarto igualado, un periodo que acentuara la presión por encaramarse a
la cima del cajón olímpico que los americanos han cargado desde el
salto inicial del torneo masculino de Pekín.
El tanteador dio fe de
una contienda que los españoles manejaron de maravilla. Por algo son
reyes del mundo, como Pau Gasol rey de los anotadores de Pekín 2008
(... puntos por delante del argentino Luis Scola, que ha firmado 151
tantos). Por algo, Ricky Rubio es el medallista masculino más joven de
la historia (el segundo contando el torneo femenino).
Las cosas
discurrieron sin prisa, pero sin pausa. España tuvo la inteligencia de
pensar en si misma. De creer en el baloncesto que le ha dado tres
finales consecutivas (Mundial 2006, Europeo 2007 y Juegos 2008). Y de
dar rienda suelta al talento, al enorme caudal de talento que encierra
en el vestuario y que, por fin, liberó sin atadura ninguna sobre el
parque del pabellón de Wukesong.
Stephon Marbury aniquiló a la
selección española en los cuartos de final de Atenas 2004 desde el
triple. En Pekín pudo suceder algo parecido sólo que con un nombre
distinto, el de Wade, pero España compitió al nivel de las grandes
estrellas de la liga norteamericana. El día soñado por el mundo del
baloncesto, ese en el que los chicos del 'Tío Sam' ya no son mejores
por definición se ha hecho realidad.
Porque la selección española no
es la selección de Europa. Un bloque de europeos con algún que otro
americano procedente de Argentina, por ejemplo, sería igual o mejor que
el conformado por los norteamericanos para recuperar el oro que no
ganaban desde Sydney 2000.
Con 99-104, Kobe Bryant, el hombre que ha
resucitado a los Estados Unidos por el compromiso, la categoría humana
y la dimensión baloncestística que le engalana, se elevó desde el arco
y firmo el duodécimo triple del equipo de Mike Krzwezsky en veintiséis
intentos. Estados Unidos precisaba de los amos de su baloncesto, y al
máximo de revoluciones, para mantenerse en pie.
Carlos Jiménez
apareció frente al otro aro para anotar el 104-108. Faltaban poco más
de dos minutos hasta el final. Y volvió Wade (104-111 a 2.02 minutos).
España podía lanzar con cada falta personal. Los americanos no. Juan
Carlos Navarro forzó la primera personal en cuanto el equipo de la
'eñe' regresó al ataque (105-111).
Un excelente movimiento de balón
dejó a Jiménez con un triple abierto, pero el balón no entró. Bryant
reclamó de nuevo los galones y convirtió un doble (105-113). Y entonces
sí, entonces se acabó la final, una de las finales más maravillosas de
la historia del baloncesto, no ya olímpico, sino del baloncesto mundial.
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- Ficha técnica:
107
- España (31+30+21+25): Rubio (6), Navarro (18), Jiménez (12), Reyes
(10), Pau Gasol (21) -cinco inicial-, López (-), Garbajosa (3),
Rodríguez (2), Marc Gasol (11), Mumbrú (2) y Fernández (22).
118 -
Estados Unidos (38+31+22+27): Kidd (2), Bryant (20), James (14),
Anthony (13), Howard (8) -cinco inicial-, Williams (7), Wade (27), Bosh
(8), Paul (13), Boozer (-), Redd (-) y Prince (6).
Árbitros:
Brazauskas (LTU), Estévez (ARG) y Jungebrand (FIN). Eliminado Rudy
Fernández 37'. Señalaron técnica al banquillo español por protestar
(m.40) y, a continuación, a Ricky Rubio, por el mismo motivo (m.40).
Incidencias:
encuentro correspondiente a la final del torneo masculino de baloncesto
de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 disputado en el pabellón Wukesong
ante unos 18.000 espectadores.
Los jugadores de la selección
española lucieron unas camisetas encima del uniforme de juego antes de
empezar el partido con una leyenda en chino que ponía "Calderón también
lucha con nosotros".
La Duquesa de Palma, Cristina de Borbón;
Mercedes Cabrera, ministra de Cultura; Jaime Lissavetzky, secretario de
Estado para el Deporte; Alejandro Blanco, presidente del Comité
Olímpico Español; José Luis Saez, presidente de la Federación Española
de Baloncesto, y David Stern, presidente de la NBA, presenciaron el
encuentro desde el palco.

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